Tres millones de hectáreas afectadas por incendios forestales

Los bosques de la Amazonia, los herbazales de la Orinoquia y los pastizales del Caribe han sido los ecosistemas más vulnerados en Colombia por los incendios tanto de origen natural como humano.

Tres millones de hectáreas afectadas por incendios forestales Tres millones de hectáreas afectadas por incendios forestales

Si bien las 3.609.750 hectáreas (ha) de cobertura vegetal afectadas por el fuego, entre los años 2000 y 2009, representan apenas el 3,19% de las 113 millones de hectáreas del territorio continental del país, la bióloga Dolors Armenteras Pascual asegura que se deben tomar medidas pertinentes para impedir el retroceso acelerado de los ecosistemas.

Un estudio realizado por esta investigadora, del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, llegó a esa advertencia luego de analizar las imágenes satelitales del país en la última década, donde se observan los impactos que generan esos fuegos incontrolados.

La afectación que más preocupa es la quema de los bosques, con unas 60.000 ha anuales durante el periodo de estudio; el mayor daño se presenta en los frentes de colonización de la Amazonia, pues las llamas son utilizadas por los campesinos para ampliar la frontera agropecuaria.

Desde hace miles de años, el fuego es usado por el hombre para adaptar rápidamente los ambientes a sus necesidades. Las quemas buscan renovar los pastizales para el ganado y, en otros casos, ampliar las áreas para los cultivos.

No obstante, los orígenes y efectos de los incendios forestales en las regiones tropicales solo llevan una década de investigación.

El cuarto lugar

El impacto de estas prácticas es doblemente negativo para los ecosistemas. A la vez que se deterioran por la destrucción de las capas vegetales, con los consiguientes efectos sobre la flora, la fauna y el agua, la emisión de gases acelera el efecto invernadero. “Por ahora, las mediciones de la UN dan cuenta de las zonas quemadas, aunque todavía se desconoce la cantidad de carbono que generan los incendios”, afirma la profesora Armenteras.

Los terrenos de la Orinoquia son los más perjudicados, pero los bosques de la Amazonia y los pastos del Caribe también deben recibir atención. La investigadora asegura que el 75% de esas áreas sufrieron el impacto del fuego dos veces entre el 2000 y el 2009, el resto solo una vez. La superficie menos afectada corresponde al Pacífico, situación atribuida a los altos niveles de precipitación en la región.

Los años de mayor incidencia fueron el 2003 con 942.787 ha quemadas, el 2004 con 779.274 y el 2007 con 753.904. Los menores eventos tuvieron lugar en el 2006 con 74.033 ha, el 2008 con 125.876 y el 2005 con 129.208.

De acuerdo con las imágenes suministradas por el programa Mod45 (sensor especial que detecta incendios forestales, creado por la Nasa), a partir de las cuales se desarrolló la investigación, Colombia ocupa el cuarto lugar en quemas en Latinoamérica, teniendo en cuenta la relación del área afectada con la superficie total del país.

Recomendaciones

Aunque las cifras no concuerdan, los proyectos Globscar2000, Gba2000 y Aql2004 estiman que las coberturas impactadas en el periodo 2000–2009 fueron de 14.866 km2, 9.692 km2 y 19.500 km2, respectivamente. Se estima que en Suramérica, en el mismo lapso, las llamas consumieron 360.882 km2 de vegetación (8,99% del área mundial), según el modelo de diagnóstico L3jrc, y 176.601 km2 (5,09%) según el Mod45. Las superficies quemadas en el planeta en el periodo 2000–2006, de acuerdo con las mediciones globales de L3jrc y Mod45, fueron de 4.010.858 km2 y 3.465.434 km2, respectivamente, dimensiones en las que cabría un país como la India.

Ante las amenazas latentes de incendios forestales en Colombia, la bióloga de la UN recomienda a las comunidades y autoridades extremar el principio de precaución durante las épocas de sequía, trabajar en la prevención del uso del fuego como herramienta y planificar y controlar la ocupación y uso del territorio, particularmente en los frentes de colonización.

Además, priorizar la protección de los ecosistemas –aunque todos son importantes–, y tener en cuenta la labor de la academia como punto de referencia por parte de quienes toman las decisiones en este campo.

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