Papel blanco: una especie en extinción

La expresión "estar más blanco que el papel" cada vez tiene menos sentido: los modernos colores de impresiones digitales no se eliminan bien con los actuales procesos de reciclado, y el papel cada vez es más oscuro.

Desde hace más de una década se viene anunciando el fin de la era del papel. Desde hace más de una década se viene anunciando el fin de la era del papel.
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DW

Imagínese por un momento que una mañana se sienta en su mesa a desayunar y leer el diario, pero al intentar leerlo, descubre que el papel está tan oscuro que la letra ya no se distingue. Parece un escenario irreal, pero según los fabricantes de papel, no es para nada descabellado. Y la culpa la tienen las impresoras modernas, que funcionan de forma diferente a las ruidosas pero fiables máquinas de antes.

Las montañas de papel impreso acaban cada vez más frecuentemente en el contendor de reciclaje: folletos, anuncios o periódicos viejos. En el caso de las impresiones digitales, el contenido va directamente del ordenador a la impresora. Así ocurre también con las impresoras láser y las de inyección de tinta. En el caso de las impresoras offset, utilizadas para publicar periódicos y libros, el contenido pasa por una plancha de impresión.

Estas últimas, no obstante, cada vez son menos usadas por los publicistas en favor de las impresoras digitales. Las razones son obvias: más color y más rentabilidad a corto plazo. Y ello es algo que alarma a los fabricantes de papel, ya que los colores de impresión digital son solubles en agua.

Y lo que en principio puede parecer una cualidad positiva para el medio ambiente, al analizarla más en detalle, resulta devastadora: “Con tan solo una pequeña cantidad de estos productos se puede comprometer seriamente el reciclado del papel”, afirma la Sociedad de Investigación Internacional Deinking-Technik (INGEDE). En ella, 40 fábricas de papel se han unido para dar solución este problema.

El proverbial calcetín rojo en la colada blanca

Para poder reciclar papel usado se deben eliminar los colores de la impresión. Este paso clave en el proceso se denomina “deinking”, que vendría a significar “destintar”. Para ello se debe poner el papel viejo aplastado en agua en la planta de reciclado, aplicarle jabón y esperar a que se hinche y se desprendan los colores. A continuación se bombea aire desde la base para crear un burbujeo que arrastre los colores hacia la superficie de la “sopa de papel”, resultando en una espuma negra que se desborda y luego elimina.

El proceso de destinte funciona perfectamente con los colores no solubles de las impresoras offset, pero no con los de las impresoras digitales: estos se quedan en el agua y no son arrastrados hacia la superficie con el bombeo de aire. Y lo que es más: como la “sopa de papel” se remueve en círculos constantemente, las partículas de color acaban disolviéndose.

Y cuantas más hayan, más posibilidades existen de que acaben de nuevo en el papel. Y esto es lo que hace que el papel reciclado sea más oscuro, aclara Axil Fischer, experto de reciclado de impresiones digitales de INGEDE. “Es como un calcetín rojo en una colada de ropa blanca: el color se distribuye equitativamente entre el resto de las prendas… Y todo acaba rosa.” Y si el papel acaba siendo demasiado oscuro, ya no sirve para su reutilización, y termina en el contenedor de basura.

Para el “destinte” de papel usado sólo existen dos métodos conocidos: el mencionado anteriormente, que se utiliza en Europa, y el llamado “lavado” que se lleva a cabo en Norteamérica. Y ambos fallan cuando se topan con los infames colores de impresión digital.
El otro lado del problema

Los fabricantes de impresoras y cartuchos de color son conscientes del problema a medias. Algunas compañías aseguran que trabajan a fondo para hallar una solución. Su idea es mejorar el proceso de destinte para que puedan tener éxito a la hora de eliminar los colores de impresión digital modernos. Muchas incluso presentan métodos de destinte que han desarrollado en sus laboratorios de investigación.

Pero según Fischer, es una visión demasiado utópica. El rendimiento de las fábricas papeleras es demasiado grande, una pérdida de tan sólo un uno por ciento implicaría pérdidas inmensas de materia prima y un aumento exponencial de desechos. Para evitar esto, lo más sencillo es que las empresas vendan impresoras digitales que trabajen con colores no solubles. A pesar de ello, según Fischer, es de destacar que algunas empresas ya han dado grandes pasos en el desarrollo de impresoras cuyos documentos impresos son fácilmente “destintables“.

Otra idea sería crear un sello ambiental que anunciara en cada impresora cuán fácil de eliminar serían los colores de sus impresiones digitales. Austria es un ejemplo de país donde esto ya se ha puesto en práctica. Según Fischer, hace ya tiempo que se discute crear un certificado europeo de este tipo, aunque los avances en ese sentido todavía se hacen esperar.

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