Las computadoras del futuro

Aunque los ordenadores no van a desaparecer de la cotidianidad, sí cambiará la forma de usarlos, así como su tamaño y funciones. La idea es que faciliten la vida sin depender demasiado de ellos.

El computador no va a desaparecer de la cotidianidad de las personas. Pero sí será cada vez más pequeño y poco perceptible. El computador no va a desaparecer de la cotidianidad de las personas. Pero sí será cada vez más pequeño y poco perceptible.
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DW

Las computadoras de tamaño minúsculo ya hacen parte de nuestra cotidianidad. Cámaras o grabadoras, por ejemplo, se pueden esconder en un dije de una cadena o en nuestro reloj de pulso.

Ya no son necesarias pantallas para acceder a datos e informaciones.

Ahora uno puede proyectar textos o imágenes directamente a sus gafas y verlos allí. Todo esto parece sacado de una película de ciencia ficción, pero para Stefan Jähnichen, director del Instituto Fraunhofer para Arquitectura de Ordenadores y Técnica de Software en Berlín, éstas son sólo visiones de un futuro cercano.

Parecería ser que este científico de las computadoras del Instituto Fraunhofer de Berlín es un soñador. La verdad es que este señor de 63 años de edad, de cabellera gris, gafas y barba es muy serio cuando habla del futuro del manejo de los ordenadores.

“El computador no va a desaparecer de la cotidianidad de las personas. Pero sí será cada vez más pequeño y poco perceptible. Ya no lo vamos a distinguir como un aparato, sino más bien como una parte integral de nuestra existencia”, dice Stefan Jähnichen.

De acuerdo con el investigador, ya no habrá necesidad de programar los ordenadores, porque la información y las aplicaciones estarán a la mano del usuario. “El aparato como tal ya no será necesario, porque los datos llegarán a usted, no importa cómo, si a través de Internet o de otra forma”, dice Jähnichen.
Vínculo entre el cerebro y el ordenador

En opinión del director del Instituto Fraunhofer, lo verdaderamente relevante del desarrollo de las computadoras es que faciliten la vida cotidiana del usuario, aunque se trate de aspectos muy banales, como por ejemplo poder escuchar su música favorita sin tener que buscarla en la radio. O con la ayuda de un componente en la mano subir o bajar de forma virtual la temperatura de la habitación, sin tener que levantarse del sofá e ir hasta la calefacción para hacerlo manualmente. “Esto le facilita a uno la vida”, dice Jähnichen.

Junto con su equipo de investigadores del Instituto Fraunhofer, Jähnichen desarrolló hace algunos años algo espectacular: una especie de interface cerebral para el computador (Brain-Computer-Interface), una forma de vincular el cerebro humano con los ordenadores.

“Lo que buscamos es medir las señales cerebrales e interpretarlas. Aquí no se trata de leer los pensamientos, sino de interpretar patrones específicos”, explica Jähnichen. Esto significa que por medio de la diferenciación de los movimientos del brazo izquierdo del derecho se adquiere una información BIT, que se traduce en la existencia o en la carencia de un movimiento. De esta forma, si una persona piensa en su mano derecha, el cursor de moverá en la misma dirección. “Estos son los comienzos de una interface entre el usuario y el ordenador, en los que hasta ese momento nadie había pensado”, dice Jähnichen.

Uso futuro dependerá de las necesidades individuales

Un campo de aplicación de este logro científico es la medicina. Esta nueva técnica puede ser de gran apoyo para los operadores de equipos médicos. Gracias a la interpretación de su mímica, gestos o movimientos se podrían mostrar las imágenes en la pantalla que ellos quieran ver en ese momento.

“Con el cambio del ángulo del ojo del operador o médico se puede concluir que éste desea ver algo de otra forma o con mayor especificidad”, explica el científico del Instituto Fraunhofer.

Stefan Jähnichen, sin embargo, no se puede imaginar un futuro en el que todo sea manejado a través de una computadora, o que todo esté bajo el control de los ordenadores. Particularmente, se refiere al manejo de la vida privada, así como el uso del tiempo libre de cada cual.

“No estoy muy seguro si preferiré leer un libro en un iPad o tenerlo en la mano. Las necesidades de las personas son diferentes. Por lo que no deberíamos depender tanto de las tecnologías, sino usarlas donde realmente nos son útiles, y en los momentos en los que también nos pueden divertir un poco”, concluye Jähnichen.

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