¿Es rentable ser músico en Colombia?

por Manolo Villota Benítez

Los músicos en Colombia consagran largas horas al perfeccionamiento y aprendizaje de la técnica y la interpretación, pero al contrario de lo que muchas personas piensan, el esfuerzo no sólo es físico y mental, sino también económico, el cual no se ve reflejado en la remuneración de quienes optan por la música como su estilo de vida.

Archivo Semana - Un buen teclado puede costar hasta $7 millones. Archivo Semana - Un buen teclado puede costar hasta $7 millones.

Estudiar música en Colombia puede ser visto como el ejemplo clásico de la búsqueda de un sueño. De hecho una gran cantidad de personas que deciden dedicar su vida a este arte, lo hacen con la firme intención de vivir a costa de lo que los hace plenamente felices, así no se vea reflejado en la cantidad de ingresos que reciban.

Comenzando por el costo de la carrera, que a diferencia del sector público (al que no todos pueden ingresar), en el privado, el precio por semestre oscila entre $3 millones y $11 millones; sumado a eso, los gastos de fotocopias, transporte, e instrumentos, que para cumplir medianamente con los estándares mínimos de calidad representan una cantidad de dinero considerable.

Por ejemplo para ser guitarrista de entrada tendrá que buscar cerca de $2,5 millones para hacerse a un buen instrumento; y ni hablar de los pianistas a quienes un buen teclado les puede costar hasta $7 millones.

De este modo, quienes optan por vivir de las melodías y las armonías deben efectivamente meterse la mano al bolsillo, o en su defecto hacer uso de créditos educativos para sostener el aprendizaje.

La carrera dura entre cinco y diez semestres académicos, y la idea de todo profesional es entrar al campo laboral para recibir un pago justo por sus servicios, sin embargo en el plano del músico promedio esto no se da de dicho modo.

A pesar de que el Observatorio Laboral para la Educación, en su base de datos, informa que el músico colombiano recibe en promedio un sueldo de  $1.638.845, con estudios de pregrado, y $ 2.029.513 con postgrado, al parecer en la realidad estos datos tienden a estar lejos del panorama real que viven estos profesionales.
“¡Los músicos también tenemos que pagar cuentas, no podemos vivir solamente de los aplausos!”

Mario Díaz, músico profesional hace más de una década, con vasta experiencia como docente, después de haber participado en festivales y como jurado en distintos eventos, expresa su disgusto por la pésima situación laboral de la que hoy se adolece en Colombia.

“Hoy en día a menos que sea una figura muy reconocida en el medio, no le pagan bien, el toque ´por cabeza´ en un bar oscila entre $70.000 y $100.000…incluso hay muchos que se regalan por cifras menores y los bares, los contratan por encima de bandas profesionales. ¡Los músicos también tenemos que pagar cuentas, no podemos vivir solamente de los aplausos!”

Y es que el dilema no solo se reduce a los pagos que perciben por presentación, sino al hecho de la falta de continuidad en los mismos y a la ausencia de factores como contribución a seguridad social y pensiones, que en el caso de quienes viven de este oficio es un factor realmente preocupante ya que no existe una constante mensual que provea un salario base fijo.

David Torres, quien egresó de la Universidad Javeriana hace poco más de tres años y hoy está enfocado en la composición de música para la industria del cine se refiere al respecto: “se trabaja prácticamente free lance, no existe como tal un contrato de trabajo, ni aporte a salud o pensiones".

Y añade: "Igualmente no quedamos con los derechos de nuestras composiciones, eso pasa a quien contrata, solo quedamos con los derechos morales, el precio de un trabajo está rondando $1 millón, pero de manera esporádica…no hay una calidad de vida digna para el músico promedio”, concluye.

Ante la imposibilidad de muchos profesionales de poder conseguir sustento exclusivamente de la música tienen que generar ingresos alternos incluso estudiar otra profesión que les permita compensar la ausencia de un salario más completo. Tal es el caso de John Villa, bajista profesional, quien aparte de la música tiene que dedicarse a la ingeniería de sistemas para cubrir todos sus gastos.

“Estudiar la carrera en universidad pública de entrada es muy difícil por los requisitos que exigen, y en la privada el costo es bastante alto. Aunque la rentabilidad del género varía de acuerdo a la demanda, la diferencia en la paga no es mucha, y el circulo es más cerrado,  es igualmente difícil entrar, así que para sobrevivir hay que rebuscársela”, finaliza Villa.

“El músico tiene que entender el mercado, para salir adelante”

Aunque las estadísticas, y las voces de muchos  profesionales dan a entender lo difícil de la situación en el mercado laboral, también es cierto que no todo se aplica del mismo modo.

Luis Alberto Ramírez, director de la academia Guerrero, y actualmente bajista de la agrupación Kraken, cree que el problema del músico profesional en Colombia es no saber entender el mercado, para él “es difícil empezar, pero también es cierto que quien estudia esto, tiene que adaptarse y comprender un mercado al que va a trabajar, por eso es que se estrellan cuando salen de la Universidad, precisamente ese tipo de conocimiento y de formación es el que no se aprende en la academia”.

Ramírez quien se ha desempeñado como compositor arreglista, en otros géneros como el Jazz, y ha trabajado en conjunto con la Orquesta Filarmónica de Bogotá, sostiene que la falta de experiencia en el mercado y la actitud del músico promedio contribuyen a obstaculizar el ejercicio de la profesión.

“No me gusta la actitud del músico que espera que los terceros actúen para todos cuando es él mismo quien debe marcar la pauta y pensar en si quiere solamente tocar todas las semanas en un bar por $100.000 o $200.000. Entender el medio como un negocio y realizar la gestión pertinente es difícil, es cierto, más aún cuando comienza, pero no es imposible para nada. El músico puede vivir de esto, siempre y cuando comprenda y deje a un lado el purismo, ya que no existe buena o mala música, todo es al fin de cuentas, música”, concluye.

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