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Atención jefes: hacer una pausa para almorzar mejora el rendimiento. Hoy día son pocas las personas que se alejan de su computadora y se toman una hora para salir a almorzar.

Hoy día son pocas las personas que se alejan de su computadora y se toman una hora para salir a almorzar.

Atención jefes: hacer una pausa para almorzar mejora el rendimiento

Los adictos al trabajo están poniendo en riesgo la antigua costumbre de tomarse un descanso para almorzar en la oficina. ¿Pero no seríamos más eficientes si nuestros jefes nos obligasen a parar para comer?

Tomarse una pausa para almorzar en el trabajo se está convirtiendo en una costumbre en peligro de extinción por culpa -entre otras cosas- de los adictos al trabajo. ¿Pero no seríamos más eficientes si nuestros jefes nos obligasen a hacer un descanso para partir en dos la jornada laboral?

En el continente europeo al menos la mayoría nos apuramos a la hora de almorzar. Nos atragantamos con un sándwich o una ensalada en el escritorio. Incluso hay quienes se lo pasan directamente por alto. Después de todo, el desayuno está considerado como una de las comidas más importantes del día y la cena es con frecuencia el momento para comer que más disfrutamos.

Así las cosas, el almuerzo pasa desapercibido.

En muchos países de América Latina todavía se respeta esta pausa, pero cada vez más, esta modalidad está siendo reemplazada por la de comer a las corridas mientras se sigue trabajando.

Este descanso para comer ha sufrido el impacto de la tecnología. Lo más probable es que si comemos solos, lo hagamos mirando nuestro correo electrónico, Facebook o una página de noticias. Estamos más conectados con el aparato que tenemos en la mano que con nuestros propios pensamientos.

Creo que, en medio de la vorágine de la vida contemporánea, vale la pena detenerse un momento y reflexionar sobre la necesidad de los empleados de tomarse un pausa a la hora del almuerzo.

Y, si convertirlo en obligación puede parecer una idea demasiado extrema, quizá sea más conveniente darle a los trabajadores un incentivo para hacer un alto, como se hace en algunos países, donde los empleados reciben un premio si van al gimnasio con regularidad.

Uno de las principales argumentos a favor del almuerzo es que sirve para desacelerarnos y poner las cosas en perspectiva. Si nos enfrascamos en el trabajo y no salimos a tomar aire, vamos a tener más dificultad para pensar estratégicamente o para poner nuestras tareas diarias en contexto.

Al detenernos por un momento, podemos pensar cómo resolver los problemas de una forma más original.

Dónde y qué

Dónde almorzamos también puede ser tan importante como si lo hacemos o no.

Si nos sentamos en un restaurante y conversamos tranquilamente con nuestros colegas, es más probable que nos relajemos más que si vamos corriendo a una cadena de comida rápida y elegimos lo primero que vemos.

De hecho almorzar comida rápida puede, a veces, ser más dañino que olvidarnos del almuerzo.

La imposición de una interrupción obligatoria beneficiaría particularmente a las personas que trabajan en la bolsa de valores. Cuando trabajaba en la sucursal de Morgan Staley en Tokio, Japón, en los años 90, era obligatorio dejar de hacer transacciones durante 90 minutos a la hora de comer.

Recuerdo cómo me sorprendió el impacto positivo de esta medida. La pausa nos hacía pensar de una manera más racional y nos ayudaba a que se nos enfriara la cabeza en momentos de estrés. Leíamos, contemplábamos distintas estrategias. A veces, incluso, comíamos.

Hoy, muchos individuos hacen demasiadas transacciones. Una pausa obligada ayudaría a los operadores de bolsa adictos a frenarse un poco.

En el pasado, las bolsas de Hong Kong, Shenzhén (en el sur de China) y Singapur reconocían los beneficios de parar e ir a almorzar. Pero ahora, los mercados asiáticos se están asemejando a los modelos occidentales, donde se compran y venden acciones constantemente, y donde la tradición de interrumpir la jornada al mediodía casi no existe.

Otro de los grupos que se beneficiaría enormemente del almuerzo obligatorio es el de los solteros.

Les dejaría tiempo libre, por ejemplo, para hacer una cita.

Ir a cenar con alguien por primera vez es un poco riesgoso. Si la otra persona no es lo que esperábamos, el encuentro puede convertirse en una agonía. En cambio, si la cita ocurre a la hora del almuerzo, ambos tienen la excusa perfecta para irse al cabo de una hora. Si funciona, siempre habrá tiempo para otro encuentro.

Cambio de política

Siempre se dijo que el crecimiento económico nos facilitaría la vida creando más oportunidades para disfrutar del tiempo libre. Sin embargo, la gente siente que está trabajando más que nunca.

Un almuerzo obligatorio podría servir para revertir esta tendencia sin crear, necesariamente, un lapso improductivo de 90 minutos.

Para evitarlo, los empleadores deberían asegurarse de que siempre haya alguien en la oficina -o comercio, según de qué tipo de empresa se trate- estableciendo horarios escalonados para la pausa.

Y finalmente, es importante señalar que los intervalos para almorzar pueden crear nuevas oportunidades para aquellos que necesitan trabajar a tiempo parcial, institucionalizando dos medias jornadas, una en la mañana y otra en la tarde.

Los padres con bebés pequeños podrían elegir trabajar medio día.

Sería más fácil y más aceptable convertirse en un empleado que labora por medio turno si existe una división natural y clara entre la mañana y la tarde.

Si nuestros líderes quieren mejorar el crecimiento y la productividad económica, podrían empezar experimentando con una política laboral a favor del almuerzo, que es algo mucho más sencillo y menos riesgoso que recurrir a los estímulos económicos.
                                                               

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