El último matrimonio feliz

Una pareja mexicana residente en los Estado Unidos lleva 82 años de casados. No son el matrimonio más viejo del mundo, pero por poco.

El dinero es la razón principal por la que las parejas pelean, pero la mayoría de las personas no empieza a discutir sobre las finanzas familiares hasta después de casarse. El dinero es la razón principal por la que las parejas pelean, pero la mayoría de las personas no empieza a discutir sobre las finanzas familiares hasta después de casarse.

Ochenta y dos años después de haberse casado en el polvoriento pueblo de Jalpa, en el estado mexicano de Zacatecas, Francisco García y Paulina Calvillo siguen siendo inseparables.


El Libro de Récords Guinness dice que el matrimonio más antiguo es el de dos primos indios de Bombay, Sir Temulji Nariman y Lady Nariman, quienes se casaron cuando tenían cinco años, hace 86 años.


Los García residen con un hijo en un barrio de clase obrera de San Antonio y el éxito de su matrimonio es tal vez más notable por el hecho de que viven en una sociedad en la que la mitad de los casamientos terminan en divorcio.


Su unión se remonta a otra era, en la que la lealtad y la devoción no eran un concepto abstracto y la palabra de alguien representaba un compromiso inquebrantable.
García acaba de cumplir 100 años. Su esposa tiene 98. Siguen siendo inseparables.
"Nunca se enojan", comentó su nuera Sally García, quien lagrimea de emoción al describir a la pareja. "Son gente maravillosa, muy buena, con grandes corazones. Los suegros ideales".


En una calurosa tarde reciente ambos se sentaron en el porche del patio trasero en la casa de su hijo Andrés, donde viven desde que vinieron de México en 1984. Sally, quien está casada con Norberto, un operador de maquinaria pesada, hace de traductora, ya que sus suegros no hablan inglés. Paulina, de hecho, tiene el mal de Alzheimer y casi no habla, aunque sonríe cuando llega algún visitante.


Francisco tiene el cabello blanco y perdió todos sus dientes, pero caminan sin bastón y se asegura que todos los visitantes tienen una silla donde sentarse. Es obvio por sus facciones que Paulina fue una mujer hermosa. Sostiene un pañuelo blanco mientras observa desde una silla de ruedas.


Francisco nació en 1908 en San Francisco de los Adobes. Paulina vino al mundo dos años después en Santa Juana. De niños ambos trabajaron en las fincas de sus familias y aprendieron el valor del esfuerzo. Se conocieron un día que él fue a visitar a unos amigos que eran vecinos de ella.


No fue un amor a primera vista, según relata Francisco, pero de entrada hubo atracción mutua. Estuvieron de novios un año, en el que salieron acompañados siempre por chaperonas, según las costumbres de la época.


Se casaron en una ceremonia sencilla cuando él tenía 17 años y ella 15. Dado que sus familias no tenían dinero, no hubo una gran fiesta, solo una cena con amigos. Ahorraron hasta reunir lo suficiente como para comprar una finca en Zacatecas, el Rancho Teocaltichulllo, donde criaron ganado, pollos y cerdos durante 59 años.


"Era una casa grande, vieja, una hacienda, con cuatro o cinco dormitorios, un jardín y un porche", dice Sally, quien visitó a sus suegros en México. "Una se levantaba en la mañana, barría, limpiaba el piso y preparaba el desayuno. Luego se sentaba en el porche y todos venían de visita. (Francisco y Paulina) Eran gente muy sociable. Los vecinos venían por la mañana con baldes y Paulina les daba leche, huevos, lo que necesitasen".


La pareja tuvo diez hijos, siete varones y tres niñas. Soportaron varias tragedias. Un bebé nació muerto y otro falleció al ser picado por un escorpión. Hace dos años murió una hija, Guadalupe, a raíz de un cáncer. A Paulina no se lo dijeron.
A partir de 1948 Francisco vino a Estados Unidos durante ocho años como bracero. Siempre regresaba con su esposa.


Uno por uno, sus hijos comenzaron a emigrar a Estados Unidos y en 1984 ellos vinieron a vivir con Andrés, en una casita de huéspedes rodeada de arbustos que producen una flor amarilla. Los atiende una hija que nunca se casó, María de Jesús.
"Esto es lo que dispuso Dios para mí", dide María de Jesús.
Los dos siguen levantándose a las seis de la mañana y Francisco no perdió la costumbre de barrer los pisos, incluso la acera. Si se le pregunta por qué barre tanto, responde: "Porque hay hojas".


Está siempre pendiente de su esposa.
"Si ve que uno hace una cara rara, piensa que está siendo grosero con ella. Ella se sale siempre con la suya", dice Sally. Paulina duerme en una cama con barandas, junto a la de María de Jesús. Francisco lo hace en otra habitación. Sally dice que eso es común en México.


"Creo que lo hacen porque ella no quería tener más hijos. Ellos son católicos y no creen en métodos anticonceptivos artificiales", señala Sally. Sally atribuye su longevidad a los alimentos orgánicos que comían en México y al hecho de que no comen demasiado. "Tomaban avena", dice la nuera. (Hoy Paulina es alimentada con un tubo). Francisco sigue comiendo dos huevos crudos con soda todas las mañanas.
Francisco sostiene que han vivido tanto porque "rezamos mucho".


"Son un gran ejemplo", comenta Genise Lozano, hoja de Sally. "Muy fuertes".
La pareja tiene 44 nietos, 60 biznietos y 16 tataranietos. En su familia nunca ha habido un divorcio. La familia está dispersa por California, Las Vegas y Michigan, y Francisco sueña con verlos a todos juntos.


Ese deseo se le hizo realidad hace poco cuando festejó sus 100 años de vida y sus 82 años de matrimonio. Se reunieron unos 200 parientes en una misa especial seguida por un asado en la casa de Andrés.


¿Cuál es el secreto de su matriomio?
"El Señor", dice Francisco.

 

 

(AP)

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