No hay que sobreproteger a los niños

Para aprender y desarrollarse plenamente, los niños necesitan moretones, pero no los que resultan de las palizas de los padres -esa forma de crianza debe quedar en el pasado–, sino los que quedan como rastro de las aventuras.

SXC: La crianza a los golpes parecen ser cosa del pasado, pero aún subsisten casos. SXC: La crianza a los golpes parecen ser cosa del pasado, pero aún subsisten casos.
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DW

Hasta hace medio siglo no era raro que a los niños se les maltratara físicamente para “enseñarles” a ser obedientes.

“Una buena palmada en el trasero” era una forma de crianza ampliamente aceptada. Por fortuna, los tiempos han cambiado, aunque todavía haya familias en las que el castigo corporal se sigue impartiendo.

Cuatro de cada diez padres les dan nalgadas a sus hijos y uno de cada diez confiesa haber abofeteado a sus hijos, según un estudio de Alemania.

El estudio de Forsa, uno de los institutos de investigación social y análisis estadístico de mayor renombre en Alemania, está basado en alrededor de mil entrevistas efectuadas a escala nacional.

Oliver Steinbach, de la revista Eltern (Padres) –que participó en este sondeo–, sostiene que las razones detrás de los arranques de violencia de los adultos son distintas de las de antaño: “Muchos de los padres consultados se sienten abrumados cuando un niño se comporta de manera agresiva o irrespetuosa, y reaccionan impulsivamente”.

Steinbach acota que las bofetadas son motivo de remordimiento casi inmediato para los padres. El informe de Forsa revela que la mayoría de los adultos considera que el maltrato físico, como recurso pedagógico, es una práctica innoble.

“El castigo físico está cayendo en desuso, eso es evidente”, señala Marie-Luise Lewicki, jefa de redacción de la publicación Eltern, comparando los resultados del sondeo más reciente con los de un estudio de 2006. Steinbach agrega que esta tendencia es marcada y no solamente en Alemania.

Cómo ven los niños el mundo

Ir solos a la escuela, caerse de la bicicleta o de un árbol, cubrirse de moretones por la rudeza de ciertos juegos, correr y gritar a voz en cuello, esos y otros hábitos o sucesos que formaban parte de la cotidianidad infantil han dejado de ser la regla para convertirse en la excepción debido a la exagerada angustia de los padres, sostiene Dammler.

No hay nada de malo en preocuparse por el bienestar del menor, pero el exceso de protección les roba su autonomía; de ahí que prefieran ser adultos, añade el directivo de iconkids & youth.

Axel Dammler argumenta que en las escuelas de jornada entera los niños adquieren mayor independencia de sus padres y, en consecuencia, desarrollan mayor confianza en sí mismos.

Eso sí, acentúa Dammler, lo que la mayoría de los niños en Alemania tienen en común es el hecho de sentirse satisfechos con los padres que tienen. ¿Satisfechos? En realidad, lo que el estudio plantea es que el 91 por ciento de los niños respondieron afirmativamente a la pregunta: “¿Son tus padres los mejores padres que te puedas imaginar?”.

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