Las emociones que hacen engordar

¿Le ha pasado que cuando siente tristeza o depresión empieza a comer dulces, chocolates u otro tipo de comida que le genera bienestar?

Archivo Semana: La obesidad también la causa los sentimientos mal dirigidos. Archivo Semana: La obesidad también la causa los sentimientos mal dirigidos.

La obesidad y otras enfermedades crónicas están muy asociadas a componentes emocionales, que han afectado significativamente la vida de las personas, dejando huellas que en muchas ocasiones determinan cambios en la manera de relacionarse, ver la vida y percibirse a sí mismo.

El origen

En opinión de Alicia Cleves, nutricionista del Centro de Nutrición y Medicina Integral, Cinumed, aspectos como “la desestabilización emocional se desencadena por situaciones de la niñez”.

La especialista explica que cuando las mamás están diciendo algo como “si te comes toda la verdura, te doy helado”, están haciendo ver la comida como un premio o castigo y no como un ejercicio nutritivo. 


Y añade: “Es por eso que muchos adultos que en su infancia fueron educados con este tipo de condicionales, no son conscientes de los alimentos que ingieren y se les dificulta bajar de peso”.

Emociones “gordas”

La mayoría de las personas eligen comer después de una situación estresante, difícil o deprimente, y eso por lo general se convierte en un hábito que se repite cada vez que se enfrentan ese tipo de circunstancias, generando desestabilización emocional.

“Temor, tristeza, ira, rechazo y baja autoestima son algunas de las causas de la obesidad según advierte las sicóloga Marleny Rodríguez: “el sobrepeso proviene netamente de la forma de alimentarse, pero siempre está influenciado por factores culturales y psicosociales que llevan a que las personas no mantengan una alimentación balanceada.”

La salida según coinciden las dos profesionales de Cinumed, es evitar el aumento de peso controlando aquellas emociones que provocan el consumo de alimentos poco saludables por lo que es necesario pedir ayuda profesional en la que intervienen la medicina biológica, la sicología y la nutrición.

Aunque hay que aclarar que las condiciones físicas y patológicas también interfieren en la obesidad, es muy importante saber detectar cuándo son las emociones las que están llevando a consumir comida inadecuada.

Cuestión de dinero

“No necesariamente la persona que es delgada esta pasando por hambre porque no tiene dinero, ni tiene un mal estado de salud, al contrario, mantener un peso ideal y un estilo de vida saludable contribuye directamente a prevenir enfermedades crónicas como: enfermedades cardiovasculares, cáncer y diabetes, sin tener en cuenta que una persona con un índice de masa corporal normal refleja su buen estado de salud y vitalidad en su apariencia física”, según Luis Fernando Dorado, médico de la Asociación Colombiana de Endocrinología.

De modo que si la obesidad se puede evitar hay que tomar medidas para enfrentarla, porque afecta también directamente el poder adquisitivo de las personas. Si una de las enfermedades asociadas a la obesidad afecta a alguien, entonces gran parte de los ingresos van a parar en tratamientos, cuando el gasto se puede evitar con una fórmula efectiva: voluntad más buenos hábitos alimenticios.


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