Fernando Botero, el emprendedor

Existe la creencia de que el oficio del arte siempre ha estado asociado a las altas clases sociales. Sin embargo, el pintor colombiano con mayor prestigio mundial no la tuvo tan fácil para convertirse en la figura que es hoy. Su historia es definitivamente la de un luchador.

El pintor llegó a los 80 años de edad. El pintor llegó a los 80 años de edad.

Pese a que Fernando Botero, se ufana de nunca haberse dedicado a otro oficio que al de la pintura, entre los 13 y 14 años, intentó ser torero.

Se matriculó en  la escuela de la Macarena de Aranguito de Medellín, donde recibía clases gratis del oficio, pero cuando creyó que estaba listo para enfrentar a un novillo salió corriendo y buscó otra vocación. Días después pintó su primera acuarela: un torero.

Pese a que el padre de Botero murió cuando él tenía cuatro años y no tiene recuerdos muy nítidos, el pintor siempre cuenta entre sus amigos que su papá era agente viajero, oficio que  para los años 30, consistía en arriar una recua de mulas para llevar encargos de mercancías a otras poblaciones; en su caso, en el sur de Antioquia.

Mucho antes su abuelo había quedado en la quiebra después de haber tenido posesión de varias tierras y haciendas, con lo que el futuro de la familia no se vislumbraba claramente. Cuando definitivamente decidió que se dedicaría a la pintura, el sermón de un cortejo de tías lo aturdía diciéndole: “pinte los domingos pero entre semana, dedíquese a trabajar”.

Obviamente la decisión estaba tomada y pese a la oposición de ellas se dedicó a lo que más le gustaba. Una anécdota curiosa fue cuando estaba en Tolú dedicado a pintar y se le acabaron las telas, como no tenía dinero para comprar otras decidió utilizar las sábanas de la cama.

Otro ejemplo de su lucha constante ocurrió cuando se trasladó a vivir a Nueva York. Botero cenaba diariamente caldos de menudencias hasta que consiguió que el Museo de Arte Moderno de Nueva York  le comprara una pintura para así mejorar su situación financiera.

Disciplina y talento

Una de las frases preferidas del pintor es una de él mismo: “descanso trabajando, si me dedico al descanso termino cansado”.

La frase sirve para resumir uno de los mayores pilares de los que persisten: que no vasta solamente con saber hacer algo sino hacerlo constantemente hasta alcanzar lo que se quiere.

Eso fue lo que le pasó a Fernando Botero, al hombre que creció en medio de una ruina familiar, entre tías que le decían en la cara que no tenia futuro como pintor y al que se le acabaron telas pero no por ello paró.

Tener el respaldo económico no es suficiente para triunfar, está demostrado que si la perseverancia se une con el talento y la disciplina, se puede llegar a tener una historia de emprendedor. 

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