Cómo convertir a las ciudades en sitios más saludables

Basura, ruido, contaminación, estrés. Son muchos los aspectos de la vida urbana que parecen ser nocivos para la salud.

Las ciclovías son una buena inversión económica y de salud, dicen los expertos. Las ciclovías son una buena inversión económica y de salud, dicen los expertos.
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BBC

Por mencionar sólo un ejemplo, una investigación del Instituto de Salud Mental de Arkin, en Holanda, del año 2010, concluyó que quienes viven en las ciudades enfrentan un mayor riesgo de padecer enfermedades mentales (21% más probabilidades de ansiedad y 39% más desórdenes de temperamento).

Y sin embargo, se espera que para el año 2050 el 70% de la población mundial viva zonas urbanas.

¿Cómo hacer que las ciudades sean más saludables? Es lo que se pregunta un estudio del University College de Londres (UCL) y la revista The Lancet, dado a conocer este miércoles. Y algunas respuestas las encontró en Bogotá, capital de Colombia.

Ni mucho ni tan poco

La clave de la popularidad de las ciudades está en que "ofrecen muchísimo más que el campo en términos de servicios, educación, acceso a la salud, interacción humana y la posibilidad de avanzar en lo personal por lo que, en teoría, pueden llegar a tener personas que viven más, que tienen mejor salud", le dice a BBC Mundo el profesor del UCL Julio Dávila, uno de los participantes en el estudio multidisciplinario.

"No hay que suponer ni que las ciudades son insalubres, ni que se vuelven saludables sin hacer nada", añade.

Bajo esta premisa, la idea de que el crecimiento económico por sí solo mejora la salud urbana no tiene cabida.

"Lo que estamos diciendo es que es indispensable que los expertos en salud entiendan qué aporte pueden hacer los especialistas de otras áreas como nosotros, los planeadores urbanos. Y viceversa", explica.

El ejemplo bogotano

Aunque no estaba en los planes, esto fue lo que pasó con el sistema Transmilenio, una serie de vías dedicadas al tránsito de buses de transporte público, implementado desde hace 14 años en Bogotá.

"No se esperaba que iba a tener efectos positivos para la salud, en dos sentidos: para tomar un bus de Transmilenio, la gente se ve forzada a caminar hasta el paradero o parada. Además, se hicieron obras en las vías, se ensancharon aceras, se hicieron más limpias, más claras, toda una cantidad de obras que hacen que la ciudad sea más organizada", señala el investigador.

Otro ejemplo extraído de la capital colombiana es el uso de ciclovías y el cierre de cerca de 100 kilómetros de calles de la ciudad los domingos, para dar paso a bicicletas, patines, y "piernas" en general.

Investigaciones han arrojado que hasta 1,6 millones personas, cerca de un cuarto de la población de la ciudad, camina regularmente los domingos.

Según Dávila, los beneficios se notan también en el bolsillo. "Economistas han calculado que por cada dólar invertido pública y privadamente en ciclovías recreativas, se puede llegar a sacar hasta cuatro dólares en ahorro en salud", afirma.

Esto, añade, también demuestra que no se necesita tanto dinero para hacer cambios significativos.

"Lo importante es que hay una serie de instrumentos que nosotros, los planificadores urbanos, tenemos, que podemos ofrecerle a la ciudad. Pero en vez de pensar en que la casa sea más bonita, que la acera sea más ancha, hay que pensar también los efectos positivos o negativos en la salud de la gente", sostiene Dávila.

"Porque, ¿cuál es la alternativa? ¿Qué nos vayamos todos al campo? ¿Usted qué haría cultivando papas? La idea de que haya una arcadia, donde todos vamos a vivir en el campo, es absurda e insostenible", concluye.

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