Qué hay que saber en la crisis de la zona euro

En contra de la tradición del receso veraniego, esta semana se celebra una cumbre en la zona euro en la que se deberán acordar los detalles de un nuevo plan de rescate para Grecia (de hecho, la canciller alemana, Angela Merkel, ha dicho que solo acudirá si ese es el caso).

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LONDRES (Reuters) - La cumbre será seguida muy de cerca por los mercados, aunque la perspectiva de una moratoria por parte de Estados Unidos es aún más amenazadora.

El presidente estadounidense, Barack Obama, ha fijado el viernes como fecha límite para llegar a un acuerdo sobre el incremento del techo de gasto del país.

El plan francés para reestructurar la deuda griega está esencialmente muerto y los gobiernos de la eurozona parecen haber abandonado la idea de desafiar a las agencias de calificación, por lo que estarían preparados para aceptar un impago limitado.

El Banco Central Europeo sigue radicalmente opuesto a una moratoria y su presidente, Jean-Claude Trichet, reiteró el fin de semana que no aceptaría los bonos impagos como garantía y que dependería de los gobiernos mantener financiados a los bancos y demás instituciones griegas. Por tanto, esta es otra cuestión pendiente.

Las palabras cuidadosamente escogidas de Trichet a los gobiernos de la eurozona, ¿suponen un reto a los gobiernos para que usen el instrumento de la Asistencia de Liquidez de Emergencia, que los bancos centrales nacionales pueden utilizar para proporcionar liquidez a los prestamistas comerciales, algo que ya ha hecho Irlanda?

No por primera vez, el miembro italiano del consejo del BCE Lorenzo Bini Smaghi rompió filas y dijo que el fondo de rescate del EFSF debería recibir dinero para recomprar bonos en el mercado, que en muchos casos ya están negociándose a alrededor de la mitad de su valor.

Los bancos han estado hablando sin cesar, la última ocasión en Roma, y parecen apoyar alguna forma de quita (que supone una reducción de la deuda, por la que los tenedores de la misma perderían un porcentaje de sus bonos). El Instituto de Finanzas Internacionales, que está presidiendo estas conversaciones, dijo que se han hecho progresos, pero sin dar más detalles.

El diario alemán Die Welt ha publicado que también se podría estar considerando seriamente un impuesto bancario con el que financiar el nuevo rescate griego. Se dirigiría a los bancos independientemente de su exposición a Grecia, lo que podría ser un instrumento demasiado brusco y que haría poco para estabilizar el sector.

Las pruebas de resistencia del viernes no parecen haber cambiado mucho las cosas, salvo haber generado un aumento en la confianza en el sistema bancario (solo suspendieron ocho pequeñas instituciones, que necesitarán nada más 2.500 millones de euros, el capital principal necesario para aprobar era bajo y no se examinó un posible impago de Grecia).

Los 16 bancos que estuvieron cerca de fallar las pruebas podrían verse presionados el lunes, pero ninguno es lo que se consideraría sistémicamente importante, y, lo que es más interesante, los grandes bancos españoles e italianos salieron muy bien parados.

A pesar de ello, el mayor banco de Portugal apenas pasó la prueba, al igual que Bankia en España y Banco Popolare en Italia, así que sí hay algunos peces de tamaño medio.

En suma, las pruebas han mostrado que los bancos europeos tenían casi 100.000 millones de euros en deuda soberana griega a finales del año pasado, dos tercios de los cuales estaban en manos de bancos griegos, el nueve por ciento en manos de alemanes, y el ocho por ciento, en manos de franceses.

Eso no incluye la deuda griega no soberana, que casi seguramente pasaría a un impago también si lo hiciera la soberana (de la que los bancos franceses están atiborrados), así que la amenaza de una nueva restricción del crédito no se ha evaporado.

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