Pirámides, la lección albanesa

El fenómeno de las pirámides de inversión y la pérdida de dinero de muchos participantes es una moda que se repite periódicamente. Sus lecciones, lamentablemente, se olvidan rápidamente. Columna Leonardo Santana.

Pirámides, la lección albanesa Pirámides, la lección albanesa

La ola de creación de empresas basadas en este modelo no es en absoluto nueva y ha desencadenado verdaderos desastres como el ocurrido en Albania entre 1996 y 1997. Luego de la caída del régimen de economía planificada en este país, con un sistema financiero incipiente y con la inexperiencia en una economía de mercado, se crearon empresas en un sistema financiero paralelo que ofrecían lo mismo que las recientemente investigadas empresas colombianas: rendimientos altísimos donde los pagos se efectúan a los primeros en invertir y se financian con los aportes de los que invierten más tarde. Este esquema se sostiene en la medida que puedan entrar nuevos ahorradores, lo cual depende esencialmente de la información y la confianza que se tenga en el esquema. Como en el caso de un banco o de la existencia de una moneda, la sostenibilidad del esquema piramidal depende de la confianza que se tenga en su solvencia y en la seguridad del retorno de la inversión con sus intereses. Así como un banco puede quebrar si existe información acerca de su insolvencia, haciendo que los ahorradores retiren sus depósitos y precipitando realmente la quiebra (fenómeno conocido por los economistas como profecía autocumplida), así mismo la pirámide colapsa cuando empieza a existir desconfianza por parte del público, reduciendo con esto el número de personas dispuestas a entrar.

Y aunque en el aspecto de confianza la pirámide posee algo en común con otros esquemas financieros, es mucho más vulnerable que estos y su muerte está de antemano señalada al ser mayores, desde el principio, los pasivos a los activos. La excesiva confianza inicial de los nuevos integrantes además disminuye la vida de la misma, pues la euforia atrae una gran cantidad de personas, y el tamaño de la pirámide es directamente proporcional con la probabilidad de que ésta se caiga.

En Albania, como en Colombia, existían empresas con el esquema de pirámide que poseían activos reales como respaldo. Otras mezclaban el esquema piramidal con actividades ilícitas, el contrabando en el caso albanés, y otras no poseían ningún activo. El 60% de la población total del país llegó a participar en estas empresas y, como en el caso colombiano, muchos recurrieron al crédito e incluso hubo campesinos que vendieron su ganado con tal de participar en el frenesí.

Cuando las pirámides albanesas cayeron, provocaron un caos sin precedente. Se desató la violencia, especialmente en el sur del país, y los muertos llegaron a miles. El hecho provocó la caída del gobierno y la intervención de organismos multilaterales. Una mayor inflación y la caída del producto interno bruto fueron consecuencias tanto del caos económico como político.

Aunque las repercusiones de la reciente caída de algunas empresas en Colombia no ha significado lo mismo, las pérdidas para muchos son una consecuencia dolorosa y la semilla para que reaparezcan nuevas pirámides en el futuro sigue presente. La necesidad y la ambición de altos rendimientos, la desconfianza en las empresas financieras colombianas y la percepción de sus inversiones como poco rentables e ineficientes seguirán siendo excusas para participar en estos esquemas.

Como en muchos aspectos de la vida, el escepticismo debe ser la actitud frente a cualquier propuesta de inversión, especialmente si promete grandes ganancias. Debe examinarse la antigüedad de la empresa, su actividad económica y si se encuentra vigilada por las entidades correspondientes a esta actividad. Además se debe tener en cuenta que una mayor rentabilidad implica mayores riesgos y que claramente es una actitud necia el endeudarse para ir a un casino.

No hay que olvidar las lecciones de Albania cuando la tentación de invertir por una ganancia fácil vuelva a presentarse.



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