Lo que no sabe de las subastas de arte

El vendedor tiene el riesgo de perder dinero, la obra puede "quemarse" y el bajar el martillo no significa que el mejor postor se quede con la obra.

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Pero, si bien el martillo retumba con fuerza en las salas de subastas, adjudicando la obra al mejor postor, este tal vez nunca llegue a tenerla en sus manos.

Muchos se preguntarán cómo es esto posible. ¿Acaso una subasta de arte no supone que aquel que esté dispuesto a pagar más dinero se queda con la obra? La respuesta es no. Ofrecer más que los demás no es garantía, tal y como ocurrió con la obra The Fields (Wheat Fields) del artista posimpresionista Vincent van Gogh, en 2007, cuando la casa de subastas Sotheby's la adjudicó al mejor postor por US$25 millones, pero finalmente no la vendió.

El motivo de ello es que, generalmente, el vendedor -el diseñador de modas Tom Ford, en el caso de la obra de Warhol- establece un precio de reserva y, si en la subasta no se alcanza este valor, el cuadro se quedará sin vender. Casas de subastas como Sotheby's o Christie's mantienen en secreto si tienen precio de reserva y cuál es su valor. Es por eso que usualmente brindan en sus catálogos un rango estimado, pero no un valor exacto. En el caso de la obra de van Gogh, por ejemplo, el precio de venta estimado era entre US$28 millones y US$35 millones. Tal vez, el secreto alrededor de los precios de reserva es que sirven para reprimir aquellos círculos de conveniencia que quieren controlar el mercado.

En este sentido, los vendedores tienen prohibido cualquier intento de puja en la subasta. Así se garantiza a los eventuales compradores que no serán víctimas de pujas artificiales. No obstante, algunos afirman que cuando los compradores paran de pujar, el subastador comienza a introducir pujas ficticias para ver si puede ir más allá. Sin embargo, este sería un comportamiento nada ético que dañaría la reputación de las casas de subastas. Y es, precisamente la reputación una de las principales barreras de la entrada a estas operaciones y la razón por la cual el negocio está dominado por un duopolio: Sotheby's y Christie's.

El subastador, en su labor de intermediario, obtiene una compensación tanto del comprador como del vendedor. La prima que obtiene del comprador es en promedio 10% sobre el precio de venta y del vendedor un porcentaje cercano al 5%. Por eso, si en una subasta un cuadro se vende por US$10 millones, el comprador pagará US$11 millones y el vendedor obtendrá US$9,5 millones. El subastador se quedará con unos ingresos netos de US$1,5 millones. Si el cuadro no se vende, las casas pueden imponer al vendedor una tarifa sobre este, la cual será un porcentaje negociado sobre el precio de reserva fijado.

Por más famoso y apetecido que sea el Warhol, su actual propietario, Tom Ford, deberá estar atento a que el cuadro se venda, pues si esto no sucede, no solo tendrá que pagar a Sotheby's una tarifa por sus servicios, sino que el valor futuro de la pieza se verá afectado. Se dice que cuando un bien no se vende se "quema", ya que ninguna casa de subastas lo recibirá de nuevo por un buen tiempo. De todas maneras, si el autorretrato de Warhol no se vende en la subasta, siempre estará la opción de venderlo de manera privada, aunque seguramente a un precio inferior al que espera recibir Ford el 12 de mayo.

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