Autos compartidos: un negocio a tener en cuenta

Esta idea de origen europeo y que se extiende rápidamente por EE.UU. suena como una oportunidad de negocio a la vez de una manera de ayudar al planeta.

Autos compartidos: un negocio a tener en cuenta Autos compartidos: un negocio a tener en cuenta

Para mucha gente que vive en ciudades, ser propietario de un automóvil es al mismo tiempo una bendición y una maldición. Algunos urbanitas se desplazan en gran medida utilizando transportes públicos, pero de vez en cuando necesitan un vehículo para hacer la compra o para realizar viajes fuera de la ciudad. Mantener un auto es caro y encontrar una plaza de estacionamiento en las atestadas calles de una ciudad puede ser una pesadilla.


Dos mujeres analizaron el problema y vislumbraron una oportunidad de negocio, así como una manera de ayudar al planeta. En el año 1999 fundaron la empresa Zipcar Inc., que ha crecido rápidamente hasta convertirse en la empresa de automóviles compartidos más grande del mundo.


Las tradicionales compañías de alquiler de vehículos alquilan autos por día, mientras que este modelo de autos compartidos permite al conductor alquilar un auto por hora, sin tener que esperar en el mostrador de una compañía de alquiler de autos. Los autos están estacionados por toda la ciudad, en plazas reservadas para ese uso. Muchos clientes solo tienen que caminar un par de cuadras para encontrar un auto.


A las fundadoras de Zipcar, Robin Chase y Antje Danielson, se les ocurrió la idea después de ver cómo funcionaba en Berlín. “Quisimos tomar prestado lo que era un movimiento ambiental de cooperativa en Europa y convertirlo en una idea que se pusiera de moda”, dijo Chase al Servicio Noticioso desde Washington.


Chase dijo que sabía que la empresa necesitaría una inversión considerable para desarrollar la tecnología inalámbrica que pudiese hacer un seguimiento automático de los vehículos. El objetivo era facilitar para el usuario la reserva de un auto por Internet y que la empresa no incurriera en gastos. Después de preparar el plan de negocios en enero de 2000, Chase dedicó incontables horas a encontrar inversionistas a los que les interesara esta novedosa idea.


“El desafío más grande fue persuadir a la gente para que financiara el proyecto”, dijo. “No nos ajustábamos a ninguna categoría establecida. Los inversionistas de capital de riesgo siempre me preguntaban: ¿Son ustedes una compañía de tecnología o una compañía de consumo?”


Zipcar comenzó operaciones en Boston en junio del 2000 con el lema: “Un auto cuando lo necesites”. Los analistas dicen que la empresa hizo varias cosas de manera muy inteligente, desde crear nueva tecnología inalámbrica hasta la mercadotecnia que recalcaba el beneficio que supone para el medio ambiente compartir un auto.
Pero la compañía tenía dificultad crónica para obtener fondos, así que en el año 2003 la junta directiva decidió reemplazar a Chase en su cargo de directora ejecutiva. (Para ese entonces Chase ya había vendido su interés mayoritario en la empresa). La junta contrató como reemplazo a Scott Griffith, un antiguo ejecutivo de la empresa de aviación Boeing.


Griffith atrajo más inversiones y ayudó a resolver uno de los desafíos más importantes que afrontaba la empresa: el escaso uso de los autos durante el día, cuando la mayoría de los usuarios miembros estaban en el trabajo. Lo hizo firmando contratos con compañías, universidades y hasta algunas oficinas de municipios que podían hacer uso de los autos.


En el otoño de 2007, Zipcar compró a su rival más importante en Estados Unidos: Flexcar. Tras la fusión de las dos compañías, Zipcar tiene ahora 5.500 autos en más de 50 ciudades de Estados Unidos, Canadá e Inglaterra. Griffith ha dicho que la compañía tiene planeada una expansión importante a nuevas ciudades en Estados Unidos y Europa.


La compañía fusionada alcanza los 100 millones de dólares en ingresos anuales. “Nuestro principal objetivo es convertirnos en una empresa de miles de millones de dólares en los próximos cinco años”, dijo Griffith en una entrevista reciente con el periódico Boston Globe.


A diferencia del tradicional modelo empresarial que tienen las empresas que alquilan automóviles, las operaciones de Zipcar están automatizadas. Sus vehículos están equipados con un dispositivo inalámbrico que no solo le dice a la empresa dónde está ubicado el auto, sino que también envía información como cuánta gasolina tiene el tanque y el número de millas que se han conducido.


Para utilizar los vehículos, los conductores tienen que hacerse miembros de Zipcar y pagar un importe único de 25 dólares para la solicitud y 50 dólares al año. Zipcar verifica entonces el historial de conducción en el departamento de vehículos correspondiente para comprobar que el solicitante no tenga problemas en su historial. Si no los tiene, se le envía al usuario una tarjeta “Zipcard” del tamaño de una tarjeta de crédito. En la actualidad, Zipcar tiene casi 200.000 miembros.


Las reservas de autos se realizan por teléfono o Internet. La página web de Zipcar muestra los vehículos disponibles en las plazas reservadas de la ciudad y la persona elige uno. El trámite suele tardar menos de un minuto y los precios comienzan a partir de 7,50 dólares la hora. (La gasolina y el seguro están incluidos).


Para entrar en el vehículo, uno pasa la tarjeta Zipcard por el lector electromagnético montado en el parabrisas. Si el usuario tiene una reserva para esa hora y ese coche, se puede abrir la puerta y la llave de contacto está dentro del auto. El sistema está equipado contra el robo porque el motor no funciona si alguien intenta utilizar el auto sin tener una tarjeta ni una reserva.


Zipcar reitera su contribución a la protección del medio ambiente. Dice que las encuestas de sus clientes indican que alrededor de un tercio de ellos se habrían quedado con sus autos o se habrían comprado uno si no tuvieran acceso a los autos de Zipcar.


Robert Deyling, un abogado que vive en Washington, dice que no tener un automóvil le anima a caminar y a tomar autobuses más a menudo. Utiliza Zipcar unas dos veces por mes para ir a lugares a los que no puede desplazarse en transporte público, como por ejemplo eventos en la escuela de su hija.


“No tener un automóvil definitivamente me ahorra dinero”, aseguró. “Lo que me gasto en alquilar un vehículo, compartir un auto o tomar un taxi ni siquiera equivaldría a lo que me gastaría en gasolina si tuviera un automóvil”.


Servicio Noticioso Embajada de estado unidos.

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