Amazonas para principiantes

El encuentro con la selva, el río, la flora y la fauna del Amazonas es una buena alternativa para programar unas vacaciones diferentes, y a solo 1,45 horas de Bogotá.

El Parque Nacional Amacayacu (que significa río de las hamacas) está en el kilómetro 60. Tiene 293.500 hectáreas, llena de caños y quebradas que se entrelazan, y una gama infinita de paseos guiados El Parque Nacional Amacayacu (que significa río de las hamacas) está en el kilómetro 60. Tiene 293.500 hectáreas, llena de caños y quebradas que se entrelazan, y una gama infinita de paseos guiados

Cuando el avión inicia el descenso y lo único que se ve son kilómetros y kilómetros de una selva espesa, se empieza a sentir el embrujo de un destino que tiene más de una sorpresa: Leticia, una ciudad de 39.000 habitantes, situada a orillas del caudaloso río Amazonas. La expectativa por conocer la ciudad es grande, porque décadas de abandono hacen temer que su infraestructura no sea muy acogedora.

 

Sin embargo, los temores son infundados. Es la típica ciudad pequeña de tierra caliente, con casas en su mayoría de un piso, llena de cafeterías, tiendas, almacenes de artesanías y. motos. Se diferencia por la diversidad cultural de la zona, porque no solo hay una gran cantidad de inmigrantes procedentes de casi todas las ciudades del país, sino un número importante de brasileños y peruanos, ya que a Tabatinga, en Brasil, se llega cruzando literalmente la esquina, mientras que Chimbote, en Perú, está del otro lado del río. Además, es común que los leticianos tengan padres o hermanos nacidos en alguno de los dos países vecinos.

La segunda sorpresa es la oferta hotelera. Hay alojamiento para toda clase de clientes, pero se distinguen dos hoteles. El Anaconda, el más tradicional, que fue fundado en 1979, y el recién inaugurado Decalodge Ticuna, de la cadena Decameron, que bien podría estar ubicado en la ciudad antigua, en Cartagena.

Aunque en un fin de semana es posible darse una idea rápida de lo que es el Amazonas, vale la pena dedicarle más días a este destino, sobre todo porque los itinerarios de vuelo no permiten aprovechar los días completos en Leticia (el avión llega el viernes por la tarde, y el regreso a Bogotá es el domingo a las 8:45 a.m.).

Planes hay para todos los gustos. Para el aventurero, que disfrutará una salida nocturna por el río Amazonas y sus afluentes para observar el yacaré, el caimán de la región, o subir a los árboles que alcanzan hasta 30 y 40 metros de altura, hasta un dosel estratégicamente ubicado para observar desde allí la selva. Y para el turista tranquilo, que podrá dedicarse a plena luz del día a buscar delfines rosados en sitios tan paradisíacos como los lagos de Tarapoto.

Los planes

El recorrido más tradicional parte del muelle turístico. Si se tiene suerte, se puede contar con la guía del legendario Capax, reconocido por atravesar el río a nado. Cuando uno está esperando sorprenderse con la inmensidad del Amazonas, se encuentra con que son pocos metros los que separan el muelle de la otra orilla. La razón es que hace unos años apareció la isla de la Fantasía en la mitad del río, una extensión de terreno que se formó por la sedimentación, y que gradualmente ha sido colonizada por familias de escasos recursos. Solo cuando la lancha parte rumbo al parque Amacayacu, y se aleja algunos metros del muelle, se puede apreciar la imponencia del Amazonas. En la orilla derecha, aparece Colombia, en la de la izquierda, Perú, y atrás Brasil. Lo único que se ve es una selva tupida, de la que de tanto en tanto destacan algunos árboles de gran tamaño.

La primera escala es en el kilómetro 40, en la isla de los Micos, una extensión de 450 hectáreas, donde el plan es ver la población de micos frailes, que son muy amigables y no tienen ningún inconveniente en posarse sobre el turista que les ofrece fruta (bananos) para devorarla sobre él. También se pueden comprar collares, pulseras, bolsos e instrumentos musicales, entre otros, elaborados por la tribu Yagua. Actualmente hay una edificación abandonada, pero la concesión Aviatur, Decameron y Cielos Abiertos, que manejará la isla al igual que el parque Amacayacu, planea construir cabañas para que los turistas puedan pasar la noche en la isla.

Al salir de allí, vale la pena tomar un ramal del río para ver la victoria regia y descubrir una que otra ave, que descansa en esta típica flor antes de emprender nuevamente su vuelo.

El Parque Nacional Amacayacu (que significa río de las hamacas) está en el kilómetro 60. Tiene 293.500 hectáreas, llena de caños y quebradas que se entrelazan, y una gama infinita de paseos guiados. Si tiene poco tiempo, puede hacer una caminata rápida para observar las ceibas y sentir el ambiente de selva, pero lo mejor es permanecer más días para poder observar la diversidad de fauna y flora que habitan en el parque. Se calcula que allí viven casi un tercio de las aves del país y 150 especies de mamíferos. También puede caminar hasta las comunidades indígenas de San Martín de Amacayacu y Palmeras, o recorrer en bote de remo o a motor los ríos que lo atraviesan.

El hospedaje es en habitación múltiple, y se puede elegir entre dormir en hamaca ($13.500-$15.900 dependiendo de la temporada), o en litera (entre $16.900 y $22.500). La concesión piensa construir habitaciones individuales, con mayores comodidades.

Una vez en Amacayacu, y si el tiempo lo permite (es mejor no navegar el río de noche), puede ir hasta Puerto Nariño, la segunda ciudad más importante de Amazonas. Ubicada en el kilómetro 80, el municipio, de 3.000 habitantes y con una población mayormente indígena, ofrece un lindo espectáculo porque está construido sobre el margen del río Loretoyacu, en una pendiente que asciende suavemente hasta el mirador, con calles muy ordenadas y donde el único vehículo que se ve -y no con frecuencia- es la bicicleta.

A pocos minutos de este municipio queda lagos de Tarapoto, donde podrá ver los delfines rosados y grises del Amazonas. Lo ideal es llegar en canoa, porque los motores de las lanchas asustan a los delfines y rompen la tranquilidad de la zona. Por eso, se está capacitando a 40 canoeros de Puerto Nariño para que presten el servicio, y se preserve así la tranquilidad de los lagos.

De regreso, puede ir a alguna discoteca en Tabatinga, para contagiarse de la samba y el ambiente brasileño, disfrutar las mismas caipiriñas que en Leticia, o unirse a la población y hacer un paseo en moto por la ciudad para sentir la frescura de la noche.

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