Los jóvenes son el problema

El desempleo de las personas entre 14 a 26 años es del 22,2%, casi el doble del desempleo total del país. ¿Por qué los jóvenes no consiguen trabajo fácilmente?

Foto: Archivo Semana. La tasa de desempleo de los jóvenes hombres fue del 18%, mientras la de las mujeres del 28,3%. Foto: Archivo Semana. La tasa de desempleo de los jóvenes hombres fue del 18%, mientras la de las mujeres del 28,3%.

La situación de empleo en Colombia es preocupante. El país no solo tiene la tasa de desempleo más alta de la región, sino que además tiene un grave problema con los jóvenes, quienes no se pueden vincular al mercado laboral fácilmente.

El desempleo juvenil no es un problema exclusivo de Colombia. En general, la población mundial sufre con el desempleo juvenil, señala Stéfano Farné, director del Observatorio Laboral de la Universidad Externado de Colombia. Son pocas las excepciones, como es el caso de Holanda.

Sin embargo, los niveles de desempleo juvenil en el país sí son de los más altos en el mundo. Mientras la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indicó que la tasa de desempleo de las personas entre 15 y 24 años, llegó al 13%, -nivel más alto de la historia-, en Colombia esta cifra ascendió a 22,2%.

El desempleo de la población entre 14 a 26 años es casi el doble del desempleo total del país. Según las cifras del Dane, las mujeres jóvenes han sido las más afectadas. La tasa de desempleo de los jóvenes hombres fue del 18%, mientras la de las mujeres del 28,3%.

“Los jóvenes ya no saben dónde ni cómo buscar empleo”, dice Steven Kapsos, economista de la OIT.

¿Qué está pasando?

Para Jairo Núñez, consultor y profesor de la facultad de Economía de la Universidad Javeriana, el problema de primer orden se presenta entre los más pobres. “La tasa de desempleo juvenil entre los más pobres puede superar el 50%, como ocurre en Medellín”, dijo.

Mientras Colombia no encuentre el modelo que garantice una senda de crecimiento económico –por encima del 6% al año- y mayores niveles de competitividad, la productividad laboral no mejorará, dice Mauricio Olivera, investigador asociado de Fedesarrollo.

El fenómeno que se está observando es que los jóvenes sin educación, que no pueden estudiar en el Sena o ir a universidad, y tampoco tienen entrenamiento, están siendo excluidos. Son personas que no se van a poder vincular al sector formal, y van a seguir reproduciendo su pobreza, un ciclo vicioso, dice Núñez.

Lo que muchas empresas están haciendo es contratar a los aprendices del Sena, con los que pueden reducir sus costos de contratación de una persona en hasta un 55%. A los aprendices no se les pagan prestaciones, solo el 75% de un salario mínimo mensual. Con esto dejan por fuera a los jóvenes pobres  que no acceden al Sena.

El mercado laboral de jóvenes está bastante diferenciado. La situación es mejor para un universitario que para un joven solo con estudios de primaria. Sin embargo, ni para aquellos con formación universitaria es fácil conseguir trabajo. Uno de los problemas con este grupo está asociado con el hecho que muchos jóvenes estudian carreras que gradúan un número de personas que las empresas no pueden absorber.

Por otro lado, un estudio del Consejo Privado de Competitividad del año pasado, señala que “el salario de reserva de muchos jóvenes es más alto, sobre todo de aquellos con formación universitaria”. Un jefe de hogar desempleado, por ejemplo, aceptaría un empleo con casi cualquier salario, mientras que los jóvenes rechazarían ofertas incluso de buenos salarios porque no llena sus expectativas, dice Farné.

¿Y la educación?

Los expertos consultados coinciden en que uno de los obstáculos más grandes que afrontan los jóvenes proviene de la calidad de educación en el país. Aunque Colombia está a punto de lograr una cobertura plena tanto de educación primaria como secundaria, la educación para el trabajo no está masificada, comenta Olivera.

“Es vital que los bachilleres salgan sabiendo hacer algo”, dice Núñez, “que desarrollen distintas competencias. Los jóvenes deben especializarse en áreas de particular relevancia: aprender a comerciar, de contabilidad o a trabajar en el campo”. ¿De qué sirven los conocimientos de física o trigonometría para aquellos que les toque empezar a trabajar cuando terminan el colegio?

También hay que fortalecer la formación técnica y tecnológica. Son muchos los casos de instituciones ‘de garaje’ que no garantizan una buena capacitación para sus estudiantes.

Los gobiernos han tratado el problema laboral desde el punto de la demanda de empleo, han tratado de bajar los costos de un empleado y otorgado incentivos a los empresarios, pero es muy poco lo que se ha hecho para mejorar las debilidades de la oferta. Según Olivera, hay que preguntarse si el Sena está preparando a los jóvenes realmente para el trabajo.

La formación debe ser la prioridad. Los cambios tecnológicos hacen que cada vez incida menos la experiencia. En los sectores modernos de la economía, los jóvenes tienen ventajas sobre la población adulta dados sus conocimientos.

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