Gasolina por las nubes: ¿qué hacer?

El combustible es cada vez más caro. En Alemania se estimulan diversas propuestas para ahorrar y proteger el medio ambiente. Pero ¿pueden hacer algo los consumidores?

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DW

“Conduciendo de otra manera, se podría ahorrar hasta un 25% de gasolina”, dice Dietmar Oeliger, experto en medios de transporte de NABU, Asociación Alemana para la Protección de la Naturaleza. La organización ofrece desde hace años, en colaboración  con Volkswagen, cursos en Alemania para que los conductores ahorren combustible. Y siempre aconseja a los futuros compradores de coches, ya sean nuevos o usados, que se fijen en las emisiones de CO2 de su futuro automóvil. “El estado no puede subvencionar permanentemente el alto consumo energético. Por ello, el usuario debe decidirse por la adquisición de un modelo eficiente en términos energéticos, dejando de lado cuestiones como la potencia del vehículo”.

La alternativa: viajar en compañía

Dietmar Oeliger aconseja a aquellas personas que deban viajar con frecuencia que concierten viajes en compañía de otras personas. “Aunque en los últimos años es cada vez más común, aún recurrimos poco a esta opción. Si dos personas van juntas al trabajo en el mismo trayecto, ahorran dinero en combustible”.  

 Oeliger no cree que aumenten en Alemania las ayudas al desplazamiento que existen en la actualidad, porque un Estado endeudado no se lo puede permitir a largo plazo. Sobre todo teniendo en cuenta que los precios subirán debido a la escasez de materias primas. En su opinión, comparativamente los precios alemanes se han mantenido bastante estables. En España, Portugal y Turquía, los precios del combustible han subido –en términos relativos- más del doble que en Alemania.

Usuarios versus multinacionales del petróleo

Klaus Reindl, miembro de ADAC, la mayor asociación alemana del automóvil, piensa que los usuarios podrían jugar mejor sus cartas: "si el 75% de los conductores reposta gasolina en las estaciones de los cinco grandes consorcios, evidentemente, se lo ponen fácil a las multinacionales del petróleo. El combustible está estandarizado y da exactamente igual si es de color rojo, verde o azul. Se puede repostar también en gasolineras independientes, cuyo producto funciona sin problemas en nuestros modernos automóviles”.

En NABU creen que la industria del automóvil tiene también obligaciones y exigen de los fabricantes mayores prestaciones a favor del medio ambiente. Además, piensan que la Unión Europea debiera fijar unos límites más bajos de emisión de CO2. Al parecer, gran parte del Gobierno alemán está también a favor de esta medida, pero siempre se tropieza con la oposición del Ministerio de Economía. Se habla de reducir a partir de 2015 las emisiones de CO2 desde los 120 gramos por kilómetro actuales hasta los 95. “Nosotros reivindicamos que el límite esté en 80 gramos, lo que supondría un ahorro de dos litros por automóvil. Esa sería una forma de frenar los elevados precios del combustible”, concluye Oeliger.

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