¿De verdad vale la pena asumir el riesgo, en vez de tener un seguro?

por Omar Alonso Patiño Castro

El mejor seguro es el que no se utiliza, al menos así lo creen quienes viven protegidos ante los imprevistos que ocurren en la vida.

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Cuando nos hablan de seguros, normalmente lo asociamos con un gasto, mucho más cuando ahora hacen parte del portafolio de ofertas que de manera continua nos hacen a través del teléfono y en las cajas de los hipermercados o de los bancos. Tal vez por ello, no le damos la verdadera importancia que pueden llegar a tener.

Es común que cuando nos ofrecen un seguro, no analicemos su compra a la luz de los riesgos que tenemos y la posibilidad de que ellos lleguen a ocurrirnos y que demos como respuesta que es preferible asumir el riesgo que pagar la prima que nos cobra la aseguradora. Generalmente se desestiman los beneficios que al estar asegurado se puedan tener.

Desafortunadamente, el beneficio del seguro solo es tangible hasta el momento en el cual se sufre un siniestro (término técnico usado por las aseguradoras para denominar los daños sufridos por un asegurado). Hasta ese momento se paga por algo que no podemos percibir, es tan solo la sensación de seguridad que nos asiste frente a  hechos que pueden afectar nuestro patrimonio, nuestras actividades o incluso a nosotros mismos.

Lo más importante en la toma de un seguro es evaluar la razón costo beneficio que ello trae. Por ejemplo, cuando usted toma un microseguro en la caja de un hipermercado, normalmente lo hace con un pago muy bajo pero la cobertura y el tiempo de vigencia también es bajo; por un valor cercano a los $5.000 usted puede tener una cobertura aproximada de $12.000.000 por un año. La pregunta que se debe hacer es qué tan importante es la cobertura y cuánto afecta su flujo de caja el pago realizado.

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En otra dimensión, la prima del seguro de un auto por valor de $40.000.000, protegido contra todo riesgo puede estar del orden de $1.500.000 en promedio, en algunas aseguradoras más, en otras, menos. El riesgo más latente es el de un choque con otro auto. En la actualidad, cualquiera de esos choques, así sea de “latas” como popularmente se dice, puede tener un costo superior a ese monto, teniendo en cuenta que no solo se debe reparar el auto del tercero sino también el propio.

En situaciones de este tipo, mientras que los carros estén asegurados se convierte en un problema entre aseguradoras, en los casos en los que no existen seguros, se da un proceso de negociación en el lugar y momento del accidente o se deben asumir largos y costosos procesos que no solo afectan el bolsillo sino que también nos obligan a acudir a citaciones ante jueces que igualmente nos demandan tiempo. Acorde con lo anterior, el seguro cumple con su objetivo, brindarnos esa sensación de seguridad.

En la identificación de los temores de las personas se basa la oferta de los seguros, mientras que más temores tengamos y percibamos una mayor posibilidad de ocurrencia de los hechos, mayor posibilidad de que compremos un seguro que nos proteja de esos acontecimientos.

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La dinámica de ese mercado ha visto amplias posibilidades de atender necesidades y temores específicos de la población. Hoy, el mercado es muy amplio en la oferta, existen desde los tradicionales seguros de vida, vehículo, funerario y vivienda, cuyo uso está mucho más difundido, hasta productos que nos ofrecen protección para nuestros celulares, billetera, mascotas o incluso frente a enfermedades específicas como el cáncer.

En el momento de la compra de un seguro, tenga en cuenta las condiciones con las cuales se expide la póliza, todas ellas tienen exenciones de la responsabilidad y en el caso de las de salud, eliminan algunas preexistencias. De nada sirve contar con un seguro si en el momento de un siniestro, el primer argumento de la aseguradora es la existencia de condiciones que hemos aceptado y sobre las cuales no tienen ningún tipo de obligación para su cobertura.

Adquirir un seguro debe ser una tarea individual que se ajuste a las necesidades y situación particular de cada persona o familia. No toda la protección o cobertura ofrecida se acerca a lo requerido por cada uno de nosotros. Además, si se compraran todas ofertas que nos hacen, seguramente el egreso sería muy considerable en nuestro flujo de caja.

Antes de decir sí a la compra de un seguro, evalúe hasta qué punto es usted capaz de asumir los daños derivados del siniestro, en los casos en los cuales sea cuantificable según sus propias costumbres. A manera de ejemplo, un seguro para su billetera o cartera en el caso de las damas le cubre los gastos para la reposición de sus documentos más un valor en efectivo que normalmente es bajo en el cual se incluye la reposición de la misma. Si este seguro vale entre $6.000 y $9.000 mensuales, estamos hablando de una erogación entre $70.000 y $100.000, para un daño que en su totalidad no pasa de $1.000.000. En este caso, tan solo un cambio en las costumbres de manejo de la billetera o cartera minimiza el riesgo y hace que dicha póliza no sea necesaria.

Caso contrario ocurre con un vehículo, los daños en el propio o el ajeno pueden superar ampliamente el valor de la prima cobrada, incluso puede llegar a sumas exorbitantes en caso de demandas por daño a terceros.

No diga ‘no’ a los seguros, analice cuáles de ellos requiere y no dude en ningún momento en adquirirlo. Recuerde que solo podemos ver los beneficios del seguro en el momento del siniestro y es ahí cuando nos lamentamos.

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*Administrador de Empresas con Doctorado en Ciencias Empresariales.

Consultor en temas financieros y organizacionales, con amplia experiencia en el sector bancario y en el sector servicios .

Se ha desempeñado como Decano de la Facultad de Administración, Finanzas y Ciencias Económicas de la Universidad EAN en donde actualmente es Profesor Titular.

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