Paseo millonario, pero en su propio automóvil

por Luis Alberto Arango E.

La calma de la víctima y su disciplina en la protección de sus datos y dinero previno que el secuestro hubiera derivado en algo peor.

Luis Alberto Arango E. Profesor del CESA Luis Alberto Arango E. Profesor del CESA

Es una nueva modalidad de paseo millonario, según le informó la policía a la víctima que lo acababa de reportar. Por fortuna no hubo violencia física y todo terminó en el hurto de $700.000 sacados del cajero, $200.000 de la billetera, un Ipod, un Blackberry y una cadena que su madre le había regalado hace 40 años, cuando tenía 15 años.

Fue la cadena lo que más le dolió perder. Tenía un significado simbólico y emocional invalorable. Incluso cuando les pidió que se llevaran todo, salvo la cadena, ni un pequeño sentimiento de compasión despertó en los secuestradores.

Y digo secuestradores porque el paseo millonario es un secuestro extorsivo que con el transcurrir de las horas, grado de violencia y otras circunstancias, va sumando otros delitos tipificados en el código penal colombiano. El delito no es excarcelable y da como mínimo 26 años en prisión. Afortunadamente, los jueces no ven este delito con contemplación y desde hace ya varios años han impuesto penas ejemplares.

Unas horas antes, a las 6:30 p.m., la víctima había salido en su vehículo de su casa en Bogotá. Mientras esperaba pasar una calle de un solo sentido, que la obligaba a ver el tráfico que venía por su izquierda, el secuestrador entró por el lado del copiloto, pues la puerta no tenía el seguro puesto. Los seguros del auto se ponen automáticamente, después de pasar cierta velocidad que aún no había alcanzado.

Ya en el auto, el secuestrador, con un cuchillo en la mano y bastante nervioso, obligó a la víctima a conducir hasta el Centro Comercial Bahía en la avenida Suba con Calle 124 (Barrio Niza). En este lugar no había nadie, salvo un hombre que resultó ser otro secuestrador, también armado con un cuchillo.

Durante el trayecto, la víctima hizo que la situación no escalara en algo peor, pues le mostró mucha tranquilidad y le pedía al victimario, con insistencia, que mantuviera la calma.

Al salir del vehículo, la llevaron a un potrero que se ubica unos metros hacia el sur. Allí le quitaron todo lo que tenía de valor y le pidieron la clave de la única tarjeta débito que tenía en su poder. Uno de los secuestradores salió caminando con la tarjeta y se comunicaba constantemente por teléfono celular con su cómplice.

Pasada media hora, el delincuente que se había quedado con la víctima, le informo que ya podía irse a su carro y que allí iba a encontrar las llaves del auto, para que se devolviera a su casa. Le habían sacado los únicos $700.000 que tenía en su cuenta de ahorros.

De haber tenido más hasta hubieran esperado que pasara la media noche, con el fin de continuar haciendo retiros, esperando el vencimiento del límite de retiro diario que imponen los bancos como medida de seguridad.

Durante la media hora de espera en el potrero, la víctima habló con el secuestrador como si se estuvieran tomando un café, todo con el ánimo de buscar mantener al secuestrador en calma y seguramente como mecanismo para mantener la propia.

El secuestrador le dijo que hacían eso todos los días, que algunos pasaban en blanco pues los carros a los que trataban de entrar tenían los seguros puestos o porque no encontraban la oportunidad propicia. Que estaban obligados a hacerlo, porque en Bogotá no había trabajo, ni si quiera por el mínimo.

Antes de que alguien se conmueva por lo de no conseguir trabajo en Bogotá, con esta modalidad estimo que los secuestradores están logrando unos $8 millones a $10 millones mensuales cada uno. Eso sí, libres de impuestos y retenciones, por lo que no hace falta trabajar por uno salario mínimo. Y aunque eso suene como mucho dinero y un aliciente para seguir sus pasos, lo natural es que los que toman ese camino terminen más temprano que tarde, en prisión o muertos.

En cuanto a la víctima, sus datos personales no los iban a conocer y tampoco se iban a perder. Su Blackberry estaba protegido con clave y tenía una copia de respaldo reciente. En la cuenta de la tarjeta débito había $700.000, a pesar de que la víctima había recibido el día anterior $5 millones.

Con una disciplina digna de imitar, los había trasladado unas horas antes a una segunda cuenta desde la que no se tiene acceso mediante la tarjeta débito, acción que hacía regularmente como medida de protección contra robos en cajero.

De hecho muchos bancos ofrecen la posibilidad de tener una segunda cuenta invisible para el cajero automático y en la cual se puede tener el grueso de los ahorros y trasladarlos, en la medida en que sea necesario, a la cuenta de la tarjeta débito.

Para mí, los paseos millonarios eran en taxi, nunca en el automóvil de la víctima. Así que ahora hay que cerciorarse, con rigurosidad, de poner los seguros antes de arrancar el vehículo, mantener la calma en caso de ser una víctima más de esta modalidad y tomar otras acciones para minimizar los daños a los que se está expuesto, como lo es el utilizar las bondades de una segunda cuenta bancaria como la descrita, tener el teléfono con clave y hacer copias de seguridad automáticas de los datos de importancia que puedan desaparecer en un robo.

Este nuevo tipo de paseo millonario, seguramente se sofisticará y con seguridad el sitio que utilizaron los victimarios para robar, seguirá siendo aprovechado por estos y otros secuestradores. Ojalá la Policía haya tomado atenta nota y este pronto actuando, junto con el apoyo de la ciudadanía, contra esta nueva modalidad de secuestro extorsivo.

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