¿Llegó la tasa de cambio al umbral del dolor?

por María Mercedes Cuéllar

La reanudación de la apreciación de la tasa de cambio en el primer trimestre del año ha suscitado la atención de las autoridades y los analistas, porque prolonga la tendencia que ha tenido el peso colombiano a fortalecerse desde 2004, tanto en términos nominales como reales.

María Mercedes Cuéllar, Presidente de Asobancaria María Mercedes Cuéllar, Presidente de Asobancaria

Este año la tasa de cambio real ha caído a mínimos históricos. Su nivel actual representa un peligro latente para el desarrollo del sector agropecuario y para el de un gran número de subsectores industriales.

Durante la última década la economía tuvo una serie de transformaciones estructurales que justifican el fortalecimiento real de su moneda. La brecha de productividad entre la economía colombiana y su principal socio comercial y financiero, los Estados Unidos, se estrechó. El volumen de las exportaciones de materias primas se incrementó.

La magnitud de la inversión extranjera y de las remesas de los trabajadores colombianos en el extranjero se elevó. El riesgo de invertir en Colombia se redujo, gracias a la recuperación del orden público y al acatamiento de una mayor disciplina fiscal. Por último, la apreciación real y la convergencia de la inflación doméstica a la internacional, respaldan una moneda nominalmente más fuerte.

Sin embargo, en la actualidad hay una serie de factores coyunturales que amenaza con desalinear la tasa de cambio real de su tendencia de largo plazo, determinada por los fundamentos macroeconómicos del país. Este conjunto de factores es originado por las etapas contrapuestas del ciclo que atraviesan las economías avanzadas y las emergentes y en desarrollo.

La política monetaria en las economías avanzadas es muy  laxa. Esta postura debilita internacionalmente sus monedas, especialmente el dólar, con la consecuencia de fortalecer las divisas más flexibles, incluido el peso colombiano. La abundancia de recursos baratos en los mercados internacionales alienta la inversión en los emergentes y en desarrollo. El diferencial de tasas de interés de corto y de largo plazo favorece los flujos de capital a los mercados de activos de las economías emergentes.
Además, los precios de las materias primas están muy elevados.

Esto favorece el incremento de los ingresos en los países que las exportan y la rentabilidad de la inversión extranjera en la producción de estos bienes. Por último, la economía colombiana tiene un exceso de gasto doméstico que financia con la abundancia de recursos externos. Hay un auge del consumo privado, que reduce el ahorro doméstico.

La inversión privada es muy dinámica y demanda ahorro externo. La política fiscal es procíclica y origina desahorro público.

La desalineación persistente de la tasa de cambio real, causada por los factores coyunturales, amenaza con llevarla a niveles en los cuales la economía se vuelve propensa a sufrir en el futuro una crisis cambiaria y a incubar la enfermedad holandesa, con grave perjuicio para la industria y la agricultura.

Por eso es menester que las autoridades actúen sobre la desalineación cambiaria. La combinación de una intervención más agresiva en el mercado cambiario, junto con un mayor ahorro público, ayudarían sin duda a moderarla.

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