La tentación de crédito fácil

por Leonardo Santana Viloria

En época de auge los bancos disminuyen los requerimientos para acceder a todo tipo de crédito y existe la tentación de endeudarse. Por esto lo mejor es evaluar muy bien la importancia del gasto en que se va incurrir.

La tentación de crédito fácil La tentación de crédito fácil

El siglo XXI empezó en Estados Unidos con dos episodios que fueron consecuencia de la falta de control y supervisión por parte de las autoridades económicas. Por un lado, la quiebra de Enron y otras empresas llevó a la pérdida de confianza en los mercados y en la profesión contable, responsable de la presentación de cifras a los accionistas e inversionistas, provocando como resultado la implantación de la famosa ley Sarbannes-Oxley. Por otro lado, la crisis hipotecaria del 2008, que llevó a este país y al mundo a una recesión, fue causada por la oferta de créditos hipotecarios concedidos de manera laxa a quienes no tuvieron después la suficiente capacidad de pago.

Estos deudores confiaron en que el valor de la vivienda se mantendría al alza teniendo un colateral fuerte de los créditos. Sin embargo, esto no ocurrió. Los precios de las viviendas bajaron y el pánico se apoderó del sector financiero produciendo un “credit crunch” o contracción del crédito disponible en la economía, en donde es más caro y difícil acceder a nuevos préstamos.

Economistas de fama mundial, como Joseph Stiglitz o Jeffrey Sachs, culparon a la autoridad monetaria de ese país por no supervisar debidamente las condiciones en que se otorgaban créditos y querer ahora detener la crisis con una baja sustancial de las tasas de interés.

La contracción de crédito se transmite a toda la economía a través del “canal de crédito”. Al disminuir las posibilidades de financiamiento, se crean menos empresas y existe menor producción en las que siguen operando. Luego siguen las consecuencias en el empleo y el ingreso.

En Colombia se aprendió esta lección y se implementaron más controles al otorgamiento de créditos luego de la crisis del 97- 98, la cual tuvo como acelerador, al igual que en el caso de Estados Unidos, la caída del sector inmobiliario.

Sin embargo, el acceso a préstamos fáciles sigue existiendo en la línea de crédito más peligrosa: el crédito de consumo. Peligrosa y vulnerable, tanto para los deudores como para la economía, ya que no existe un colateral que lo soporte ni los recursos son invertidos de forma productiva para garantizar la sostenibilidad del pago. Generalmente, para cancelar un crédito de consumo se deben buscar los recursos del salario o, en ocasiones, de otros créditos.

En época de auge los bancos disminuyen los requerimientos para acceder a tarjetas o crédito de libre inversión y existe la tentación de endeudarse y consumir desmesuradamente bajo el supuesto de que en el futuro la bonanza continuará.

Existe cierta miopía al no prever que el ciclo de la economía puede disminuir el ingreso futuro de los consumidores. Prueba de lo anterior son las cifras de crecimiento de la cartera de crédito de consumo, la cual puede convertirse en una peligrosa burbuja morosa. El incremento de las tasas de interés, realizado por el Banco de la República en los primeros meses del año esperando enfriar la economía, poco ha servido para frenar el apetito por el crédito fácil, pues aparentemente los consumidores poco caso hacen a la tasa que pagan si pueden acceder a los recursos sin mayores complicaciones.

Lo más prudente al enfrentarse a la decisión de tomar un crédito de consumo es evaluar la capacidad de pago en el peor escenario posible, examinar la probabilidad de que este u otros escenarios similares ocurran y balancear la importancia del gasto en que se va a incurrir.

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