La inequidad… ¿traerá consecuencias?

por Rigoberto Puentes

- ¿Transita Colombia por la misma ruta que nuestro querido país vecino? – me preguntaba un colega, profesor universitario de una cátedra relacionada con los temas de empleo, emprendimiento y pobreza. Él, conociendo mis inquietudes, me contactó para hablar sobre la materia.

Rigoberto Puentes, Socio Fundador PMA Colombia Rigoberto Puentes, Socio Fundador PMA Colombia

Hace unos días El Tiempo publicó un resumen de los resultados del “Informe sobre desarrollo humano 2011” emitido por la ONU. Según el estudio realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en lo concerniente a desigualdad, “Colombia ocupa el antepenúltimo lugar, solo superada por Haití y Angola”.  

¡Eso es grave!… ¡muuuuy grave!  Aunque muchos no se hayan dado cuenta, es más grave aún que si el fútbol colombiano fuese relegado al antepenúltimo lugar del ranking de la FIFA, donde sólo Samoa y San Marino estuviesen peor ubicados. ¡Lo cual también parece posible, si nos basamos en la reciente actuación del equipo en Barranquilla!

Pero la peor noticia en lo referente a la desigualdad no es el puesto que ocupa el país hoy en día sino el hecho de que esta situación ha evolucionado negativamente en los últimos años. El reporte de 2005 mostraba que había seis países peores que Colombia, mientras que 2011 nos muestra sólo tres. ¿Qué nos ofrecerán los reportes de los próximos años? ¿Será que logramos el nefasto récord de ser los peor “rankeados” en el mundo? ¿Es posible que mientras las cifras macroeconómicas mejoran, el tema de la desigualdad empeore?

-La elección de Petro como alcalde de la capital no es otra cosa que las mismas cifras que muestra el reporte de la ONU, pero no en el papel sino en la realidad. Es una respuesta a la inequidad que vive el país y por supuesto la capital –argumentaba mi colega-. El hecho de que los tres últimos alcaldes de Bogotá hayan sido de izquierda está dándonos el mensaje de que los “indignados” de este país andan en la búsqueda de un campeón que genere un verdadero cambio, y no necesariamente positivo.

¿Aparecerá en algún momento ese paladín? ¡Es posible! Los resultados que está logrando el mandatario venezolano podrían ser un incentivo para que un político ambicioso quisiera seguir sus pasos. ¿Qué resultados?, -se preguntarán muchos lectores- si la pobre Venezuela está por el piso: una de las mayores inflaciones del mundo, una industria prácticamente desaparecida, unos índices de criminalidad que se han multiplicado exponencialmente, una sensación de inseguridad que ha hecho salir despavorida a gran parte de la generación productiva.

Les diré qué resultados, ¡unos muy favorables para Chávez! Un índice de pobreza crítica que ha disminuido (según el estudio de PNUD, Venezuela ha mejorado sustancialmente en los últimos diez años) y una percepción de que la desigualdad ya está desapareciendo, son temas que conmueven a las grandes mayorías, que son las que ponen los votos, y que han llevado al teniente coronel a ganar una elección tras otra. Su gestión populista le ha permitido mantenerse en el poder por más de 12 años y seguirá sumando si la Providencia no interviene.

¿Podría ocurrir lo mismo en Colombia?

Pienso que sí, si aparece un líder tan ambicioso y carismático como el venezolano. La desigualdad es un caldo de cultivo muy peligroso, incluso más peligroso que la misma pobreza, por cuanto cala más profundamente en las emociones de la gente.

¿Podría ser el alcalde electo ese líder?

¡No lo creo! Por lo que he leído sobre él, vislumbro que sus intenciones son las de trabajar realmente por la gente, sin acabar con el país (la capital, en su caso). Lo veo más bien siguiendo los pasos de otro conocido líder izquierdista de quien sus conciudadanos temían lo peor  y resultó ser, probablemente, el mejor gobernante que haya tenido Brasil en toda su historia. Me refiero -por supuesto- a Lula.

Pero, por otra parte, pienso que no podemos sentarnos a esperar -como simples espectadores- el desarrollo de los acontecimientos.

-¿Qué podríamos hacer para revertir la situación? –volvió a preguntar mi colega.

Su pregunta realmente no estaba dirigiéndomela a mí, sino que la usó de plataforma para comentarme sus ideas.

-¡Habría que comenzar por convencer a los bancos! –se respondió a sí mismo.

A continuación me explicó la razón de su comentario: en una encuesta que hicieron en su universidad encontraron que la gran mayoría de los estudiantes se mostraba muy descontenta con las entidades bancarias.

-Existe resentimiento entre la población universitaria contra los bancos –me comentaba-. Una percepción de que estos se enriquecen desmesuradamente, aprovechando su situación de ser los administradores del producto de mayor demanda: el dinero. Es necesario hacer un llamado a los líderes del sistema financiero, para que realicen un profundo análisis de sus actuaciones y desarrollen estrategias que tengan como objetivo el que poco a poco vayamos revirtiendo esta situación de  desigualdad. De no hacerlo así,  estaremos siguiendo el mismo sendero de Venezuela –continuó expresándome sus temores.

-¿Qué relación tiene todo lo anterior con el tema de la educación económica y financiera que es mi especialidad…mi misión de vida? –se preguntarán algunos lectores.

Que la educación financiera puede contribuir en la lucha por reducir la desigualdad en la distribución de la riqueza. Si bien estoy de acuerdo con mi colega en solicitarles a los  bancos y demás grupos poderosos de este país que hagan un esfuerzo para optimizar la eficiencia de sus empresas y así puedan bajar sus costos, contratar más gente y pagar mejores salarios, por otra parte es fundamental educar a la población para que aprenda a administrar eficientemente sus recursos financieros y a hacerse responsable de la economía de su familia sin tener que culpar al sistema, a los empresarios, a los banqueros o a la vida misma por no repartir bien la riqueza.

Es necesario que la gente comprenda que el factor que más contribuye a la creación de la riqueza…a la igualdad –hacia arriba- más que aumentar el nivel de los ingresos, está en adquirir la habilidad para administrarlos. 

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