La educación financiera hace la diferencia

por Pablo Puentes

Millones de personas a nivel mundial perdieron su empleo producto de la crisis financiera de 2008… pero algunos empresarios, utilizando estrategias poco conocidas, lograron salvar a sus empleados y mantenerlos a flote. J.A. es uno de ellos.

Foto: Archivo Particular. Foto: Archivo Particular.

La semana pasada estuve fuera del país, y estando en el aeropuerto de Miami, por esas casualidades de la vida, me encontré con un gran amigo ¡del colegio! que tenía tiempo no veía…

Por supuesto estuvimos poniéndonos al día y conversando un buen rato (si puede resumirse esa cantidad de años en un par de horas…) y llegamos al tema de nuestras vidas laborales actuales…

Empecé a contarle a J.A. acerca de la labor, que estamos empezando en Latinoamérica, de difundir la educación financiera a la población, mediante seminarios y conferencias empresariales… cuando él, con el ímpetu característico con el que lo recordaba de nuestra infancia, me interrumpió en seco, y emocionado comenzó a contarme que a mediados de 2008 (cuando estalló la crisis inmobiliaria y financiera) tuvo -al igual que la mayoría de los empresarios en USA-, una crisis interna en su empresa…

Me comentaba que en esa época había tenido un nivel de estrés impresionante, ya que sacando cuentas no le quedaba otra salida que despedir y dejar sin trabajo a cuatro personas de su organización, lo cual le causaba un enorme malestar ya que en la empresa tenían muchos años trabajando juntos y se consideraban casi una familia… Le dio vueltas por todos lados al asunto y al fin tomó una decisión…

J.A. recordó que en meses pasados había asistido a una conferencia de planificación financiera personal… y, aunque no sabía mucho del tema, decidió contratar a uno de los conferencistas para que fuera a dictarle un seminario a sus empleados y los ayudara a manejar de la manera más eficiente el gran cambio que se les avecinaba…

J.A., aprovechando a su vez la oportunidad, decidió asistir a los seminarios como uno más… y en medio de un ejercicio lúdico que estaban haciendo se le ocurrió una idea… un poco descabellada, pero había que intentarlo…

Al día siguiente se reunió con sus empleados, y con ayuda del planificador financiero que habían contratado, les explicó cómo estaba el ambiente…Les mostró la situación actual de la empresa y les propuso que llegaran a una solución común y que pensaran “out of the box” (saliéndose de los parámetros normales) para ver si existía una salida para no tener que despedir a cuatro personas...

La respuesta fue un tanto sorprendente…

Todos los empleados estuvieron de acuerdo en asumir un recorte salarial temporal… Sabían que para capear la crisis TODOS debían apretarse el cinturón… Sin embargo, el común denominador que los aquejaba era la familiar frase: “Si antes me alcanzaba a duras penas para vivir… ¿cómo se supone que debo hacer ahora?”.

Ahí fue donde mi amigo, viendo la buena voluntad de los empleados, decidió realizar una pequeña inversión de su propio bolsillo…

J.A. contrató al planificador para que, aparte de dictar los seminarios en todas las áreas de la planificación financiera personal, se reuniera una hora semanalmente con cada uno de sus empleados, para EDUCARLOS FINANCIERAMENTE y ayudarlos a manejar la situación económica de cada uno en particular.

¡Yo me quedé con la boca abierta al pensar en que 20 personas hubieran aceptado un recorte salarial!! Me reí un poco imaginándome qué pasaría en Latinoamérica si se diese una situación similar…

Pero… dos años después de la crisis, y sentado conmigo en el aeropuerto, J.A. me comentaba que gracias a la Educación financiera que todos habían recibido, y a la buena voluntad y coraje de sus empleados, la empresa estaba mejor que nunca… Que los empleados no sólo habían vuelto al mismo nivel salarial, sino que TODOS estaban ganando más, y que la empresa como tal estaba arrojando unos resultados impresionantes debido al trabajo en equipo y compromiso grupal para sacarla adelante… Tanto, que él estaba en esos momentos viajando con su esposa a Italia a tomarse unas merecidas vacaciones, ya que sabía que en su ausencia la empresa quedaba en muy buenas manos.

Y, al fin, me llamaron para abordar mi avión y no pude terminar de contarle a J.A. lo que estábamos haciendo en Colombia… Pero no pude evitar sonreír al comprobar que, una vez más, la Educación Financiera hizo la diferencia…

Será en otro momento, en algún otro aeropuerto…

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