Impuestos malgastados en Bogotá

por Luis Alberto Arango E.

Es frustrante ver cómo despilfarran los impuestos distritales en ejecuciones mediocres que demuestran desinterés y falta de profesionalismo.

Luis Alberto Arango E. Profesor del CESA Luis Alberto Arango E. Profesor del CESA

Pocas opciones quedan a los ciudadanos para sacar su ciudad adelante, salvo seguir pagando impuestos y hacer un control político de las actividades de la ciudad. Esto último sí que hace falta. Descuidadamente, estamos dejando a pocos columnistas en los medios y a una centena de ciudadanos preocupados por las ciudades, la responsabilidad de la veeduría que por derecho deberíamos ejercer la mayoría.

No es raro encontrar en los gobiernos de turno muestras de mediocridad e imprevisión. Que esto suceda en ciudades con pocos recursos, sería entendible, pero en Bogotá es imperdonable. Allí, lastimosamente, algunos funcionarios borran con el codo lo que la mayoría hace bien con la mano.

Para la muestra tres ejemplos:

El primero, es un lapsus en el anexo informativo del formulario para pago de impuesto de vehículo para la vigencia 2011, que hizo llegar a los contribuyentes la Dirección de Impuestos de Bogotá. En él, listan los proyectos de aporte voluntario en los que el contribuyente puede aportar un 10% adicional de su impuesto. Viendo el anexo se piensa que hay 7 proyectos, porque aparece el número 7 en el listado numérico. Pero si se enumeran con cuidado, se evidencian solo 6. Igualmente, se verifica con sorpresa, que varios numerales no coinciden con el nombre del proyecto que se lista a su derecha. El proyecto que falta listar no es ni el primero ni el último como sería lo usual, sino el quinto.

Si uno depende de ese formulario, la posibilidad de enviar el aporte voluntario al proyecto incorrecto es alta. Ese error de diagramación le puede ocurrir a cualquiera. Pero protesto: Bogotá no es una ciudad cualquiera, ni sus funcionarios están ejerciendo una responsabilidad cualquiera. Es imperdonable que errores así, que afectan al ciudadano, se cuelen producto de la desidia y falta de cuidado de unos pocos funcionarios distritales.

El segundo, es la ejemplar muestra de improvisación de la Secretaría de Movilidad de Bogotá en la implementación del sistema de caza-infractores mediante cámaras a lo largo y ancho de la ciudad.

El sistema se comenzó a probar en un plan piloto desde febrero de 2011, enviando comparendos pedagógicos a los infractores. Luego a finales de marzo anunciaron que los comparendos se iban a cobrar efectivamente. Hasta allí no hay líos. Sin embargo, la calidad en la ejecución de una tarea está en los detalles. Y en la Secretaría de Movilidad éstos se parecen más a improvisaciones que a juiciosas tareas de planeación.

Desde febrero de 2011, el sistema de vigilancia distrital envió decenas de comparendos por violación de la medida de pico y placa a vehículos que supuestamente no los cobija la restricción: los vehículos blindados que tienen autorización de la Superintendencia de Vigilancia y están registrados como blindados nivel III en el RUNT, -La base de datos central de vehículos, conductores y otros. Una concesión del gobierno nacional de decenas de miles de millones de pesos-.

Ante el asombro de los afectados, la respuesta de las autoridades bogotanas es que hicieran caso omiso al comparendo. Luego, en marzo de 2011, cuando implementaron oficialmente el cobro de comparendos, fue cuando se les ocurrió a las autoridades decir que los vehículos blindados y de discapacitados físicos deberían registrarse ante el SIM –una concesión del Distrito que procesa los trámites relacionados con automotores, conductores y tarjetas de operación- o en la Secretaría de Movilidad respectivamente, para confirmar su exención de la medida de pico y placa. Es decir que en vez de avisar lo del registro durante febrero y marzo de 2011, dejaron bien guardado hasta el último día la solicitud de anunciar la necesidad de un registro adicional. Eso sí, dieron un plazo prudencial de 30 días para hacerlo. Algo que se podría haber evitado, si lo hubieran informado durante el inicio de la prueba piloto en febrero.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención es que ese registro iba a ser otro más de varios que por descoordinación le piden al ciudadano. Para algo supuestamente se habían inventado el RUNT, que significa Registro Único Nacional de Tránsito. En este caso, la información que el RUNT tenía sobre vehículos blindados, parecía desechada y por lo tanto el RUNT como base central de datos nacional no servía para nada. Era evidente que el sistema de la Secretaría de Movilidad no se comunicaba con esa base de datos. Prueba de ello, las multas que enviaron incorrectamente.

Por curiosidad llamé a la línea 195 –la línea que atiende consultas sobre las entidades del Distrito-, el día que hicieron el anuncio del cobro y los subsiguientes, para preguntar detalles sobre lo que debían hacer los vehículos blindados y de discapacitados para registrarse. No me sorprendí cuando me dijeron que no tenían idea. Ni siquiera tenían idea del anuncio sobre el nuevo registro y no había nada publicado en el sitio web de la Secretaría de Movilidad, lo que demuestra otra vez alegre improvisación. Hicieron falta casi dos semanas para que en la línea 195 respondieran con algo de solvencia las preguntas que les hice.

Para rematar y como tercer ejemplo, pagué el 23 de marzo de 2011 -con bastante anticipación- el impuesto de mi vehículo, usando formulario oficial: el del anexo con el lapsus. Hace unos días recibí comunicación del Distrito con fecha 18 de mayo diciendo que no habían recibido mi pago y que ya pronto se vencía el plazo para pagar sin descuento. Revisé con cuidado y el pago lo había hecho sin falta y así lo verifiqué también en el sitio web de la Secretaría de Hacienda Distrital. ¿Qué pasaría esta vez? ¿Sería descoordinación en la información de la Secretaría de Hacienda? o ¿Desperdicio de dinero gastando papel en envíos a todos los contribuyentes, con comunicaciones estratégicas de educación fiscal? Otra vez más protesto.

Tengo varios casos más y de mayor envergadura que me propongo presentar en futuras columnas, pero si lo anterior es una pequeña muestra del desinterés que el Distrito presta a sus quehaceres diarios, no quiero imaginar lo que está sucediendo en la ejecución de funciones de mayor dimensión e impacto. Claramente, las noticias de los últimos meses permiten sacar conclusiones. Da coraje ser testigo de cómo malgastan los impuestos de los ciudadanos.

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