¿Una deuda es lo mismo que un compromiso?

por Omar Alonso Patiño Castro

Si su motivación para una nueva deuda es más el deseo, tenga cuidado porque a largo plazo estaría cometiendo un error en la planeación financiera. Toda compra motivada por esa emoción la debe estar eliminando poco a poso de su presupuesto.

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La planeación financiera no es un ejercicio que pueda ser repetido año tras año, sin que verifiquen las nuevas condiciones que nos rodean. Aunque los conceptos fundamentales puedan ser los mismos, cada año que pasa, los valores pueden ir cambiando, más allá de los incrementos que de manera periódica se van dando por efecto de la inflación.

Muchas de las decisiones que se toman en etapas tempranas de la vida, son aquellas con las que se tiene que convivir a lo largo de varios años y  van a exigir un mayor o menor esfuerzo si comparamos los ingresos estimados con los compromisos adquiridos.

En este sentido debemos diferenciar deuda de compromiso. En esencia una deuda es un compromiso, pero no necesariamente un compromiso es una deuda. Tenemos una deuda cuando un acreedor nos entrega un dinero que nos obligamos a pagar de una manera previamente establecida, bien sea de manera periódica o mediante un pago único en un tiempo establecido.

Ejemplo de esto es cualquiera de las modalidades de crédito que ofrecen los bancos, independientemente del uso para el cual nos entreguen dicho dinero (Casa, carro, consumo, etc.). En este caso, la deuda nos genera el compromiso de pago; existen los dos: deuda y compromiso. Existen varios compromisos que adquirimos sin que ellos se conviertan en deuda. Un arriendo es un compromiso de pago mensual de un canon por el usufructo de un bien, bien sea mueble o inmueble y una variante de ello es un contrato de leasing.

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Cuando se “adquiere” un bien por la modalidad de leasing, la propiedad del mismo es del acreedor quien, por un valor mensual, permite que el arrendatario disponga de él, según su uso y conveniencia. A diferencia de un crédito, en el cual se firma un pagaré y en la mayoría de los casos una carta de instrucciones, en el caso del leasing se firma un contrato de arrendamiento por el plazo pactado para el arrendamiento.

Vale la pena aclarar que la diferencia entre el leasing y un contrato de arrendamiento tradicional está dada por la opción de recompra, posibilidad de que el arrendatario adquiera el bien como su propiedad al finalizar el contrato, pactada a la firma del contrato.

A una deuda no puedo renunciar, es obligación honrarla hasta su pago total, a un compromiso puedo renunciar previo el cumplimiento de las condiciones que han sido establecidas en el contrato, en el caso del leasing, incluso se puede perder la parte que hasta ese momento se  puede haber abonado al valor total del bien objeto del arrendamiento.

Ahora bien, retornemos al comienzo. No hay discusión con relación a que las deudas deben hacer parte del presupuesto personal o familiar, no hay otra opción. Se citaba con anterioridad que, algunas decisiones nos implican la adquisición de un compromiso en el largo plazo que, si bien no me obliga a mantenerlo, las mismas condiciones y los costos de cambio me llevan a evitar generar un cambio, muchas veces, a pesar de que la lógica financiera indique lo contrario.

El lugar de residencia o en el que se adquiera un inmueble, el vehículo que se quiere comprar, el colegio o la universidad en el cual se matriculan los hijos, son algunas decisiones que nos acompañarán por varios años. Los primeros pueden ser deudas, el último es un compromiso, esto quiere decir que en cualquier momento una persona puede tomar la decisión de cambiar a su hijo de colegio o de universidad, si así lo analizara y las condiciones financieras lo exigieran.

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La realidad es completamente distinta y pasa más por lo emocional que por lo racional, una decisión de ese tipo es muy difícil de tomar y es natural evitarla con lo cual se pueden generar efectos futuros que, si la situación financiera no cambia, pueden ser irreversibles.

Entendiendo que hay decisiones que se convierten en decisiones de vida, estas son las más complejas de tomar y deberían obedecer a una mezcla objetiva de realidad y expectativas. Continuando con el ejemplo, una familia que considera tener un hijo está en capacidad de tomar una decisión distinta a una cuya expectativa es tener dos, los gastos asociados a la crianza se multiplican por dos en el largo plazo y en algún momento de la vida se deben asumir costos de colegio o de colegio y universidad de manera simultánea.

Otra situación que influye en la toma de este tipo de decisiones es la expectativa; piensa de manera distinta una persona que busca ampliar su proceso de formación y con ello aumentar en el largo plazo sus ingresos a una en cuyo futuro no está contemplado más estudio. Sea cual fuere la decisión, es fundamental privilegiar la racionalidad, ser objetivo, mucho más en aquellas en las cuales los impactos son sentidos en periodos de tiempo largos, si bien el análisis de las expectativas es importante, estas deben ser sustentadas en posibilidades ciertas.

Algo que sí debe estar eliminado en el acopio de la información es el deseo, los deseos no generan el ingreso y este es el aspecto más importante para adquirir deudas o compromisos.

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*Administrador de Empresas con Doctorado en Ciencias Empresariales.

Consultor en temas financieros y organizacionales, con amplia experiencia en el sector bancario y en el sector servicios .

Se ha desempeñado como Decano de la Facultad de Administración, Finanzas y Ciencias Económicas de la Universidad EAN en donde actualmente es Profesor Titular.

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