Comprando compulsivamente

por Rigoberto Puentes

¡A las mujeres les encanta comprar! y es que si disfrutan en el supermercado, entre manzanas, quesos y detergentes… ni se diga cuando entran a una tienda por departamentos.

Foto: Cortesía. Comprando se siente viva y en cierto modo importante; su cerebro produce dopamina, sustancia que genera adrenalina y que da sensación de felicidad. Foto: Cortesía. Comprando se siente viva y en cierto modo importante; su cerebro produce dopamina, sustancia que genera adrenalina y que da sensación de felicidad.

Cuando las mujeres entran a una tienda, recorren extasiadas el área de ropa, pasean embelesadas por la sección de utensilios para el hogar, flotan cuando llegan a la sección de zapatos… Aunque bueno, también hay algunos hombres que no le hacen mala cara a eso de los centros comerciales.

Pero el problema en sí no es el disfrute de las compras, sino el gusto COMPULSIVO por las mismas. Esta enfermedad –porque es una enfermedad- causa conflictos personales, familiares y hasta laborales. Se trata de un problema cada vez más preocupante en una sociedad consumista como la nuestra, en la que el tener y el aparentar ocupan un lugar muy elevado en la escala de valores personales. No tenemos una estadística en nuestro país, pero sí sabemos que afecta a 17 millones de estadounidenses y que nueve de cada diez afectados son mujeres. Además, la enfermedad no es exclusiva de quienes pertenecen a los estratos sociales altos; puede darse en cualquiera de las clases sociales.

La primera descripción física de esta enfermedad fue realizada en Alemania, en 1915, y conocemos también que víctimas de estos impulsos placenteros y negativos han sido Ma. Antonieta, Mary Todd Lincoln, Imelda Marcos, William Hearst, Jackie Kennedy, la princesa Diana…

La persona afectada, generalmente, está insatisfecha con su vida y trata de llenar el vacío con una actividad que le dé una sensación de plenitud. Comprando se siente viva y en cierto modo importante; su cerebro produce dopamina, sustancia que genera adrenalina y que da sensación de felicidad. La compra alivia la tensión, y con ello surge un sentimiento temporal de bienestar, seguido de complejos de culpa y vergüenza por no haber logrado contenerse.

Síntomas de la persona que sufre esta enfermedad:

1.Cuando está desanimada, suele ir de tiendas y volver a casa cargada de paquetes.

2.Compra algo y, al poco tiempo, pierde el interés por ese objeto.

3.Le cuesta llegar a fin de mes. Dilapida buena parte del ingreso en caprichos innecesarios.

4.Cuando ve algo que le gusta no desiste hasta adquirirlo.

5.No se resiste ante un anuncio de rebajas.

6.El tiempo libre lo dedica a visitar centros comerciales.

7.Las personas de su entorno le han hecho observaciones sobre su gusto desmesurado por las compras.

8.No controla las deudas. No puede dejar de usar la tarjeta de crédito, aun a riesgo de poner en peligro su estabilidad financiera, emocional y familiar.

¿Qué hacer para corregir el problema?

 1.Lo primero es un tratamiento preventivo:

a) no ceder siempre a los caprichos de los hijos. Se debe valorar si merecen lo que piden y si lo necesitan.

b) Enseñar con el ejemplo, unos padres compradores compulsivos puede transmitirlo a los hijos.

2.Al salir de compras, llevar una lista “cerrada” de lo que se necesita y hacer el firme propósito de no salirse de ella.

3.Llevar solamente el dinero necesario, en efectivo, y dejar la tarjeta de crédito en casa.

4.Evitar comprar en momentos de euforia o desánimo, ya que determinadas situaciones psicológicas favorecen la compra irracional.

5.Si algo le gusta, no lo compre de inmediato, concédase unos días, coméntelo con alguien y, posteriormente, decida.

6.Revise semanalmente la marcha de su economía, el listado de gastos y en qué se han producido. Subraye en rojo los gastos inútiles o poco justificados.

7.Hable de su problema con personas de su entorno, e invite a alguien para que lo acompañe cuando vaya de compras.

8.Antes de comprar algo, piense en la utilidad que va a darle y si no la tiene, desista de su intención inicial.

9.Encuentre o cultive otras aficiones. Aprenda a disfrutar del tiempo libre sin gastar.

10.Si está convencido de que no puede superar su adicción o ha fracasado en varios intentos, acuda al psicólogo.

Recuerde que con esta compulsión puede dilapidar el dinero destinado para las cuentas del hogar; creando así situaciones conflictivas: endeudamiento, ruptura del equilibrio personal y familiar, crisis de pánico... Y estrés que puede desembocar en enfermedades psicosomáticas.

El ansia por comprar puede jugar malas pasadas. Lo que empieza siendo un placer puede convertirse en adicción. Para solucionarla, se requiere de voluntad y esfuerzo. La tarea no es fácil, pero no hay que olvidar que cada vez que controlamos impulsos irracionales que nos perjudican, estamos alcanzando una victoria que nos hace más libres, reafirmamos nuestra personalidad y mejoramos nuestro equilibrio emocional y nuestra calidad de vida.

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