¿Cómo esperas tú la navidad: con miedo o con entusiasmo?

por Rigoberto Puentes

¿Cómo no disfrutar las cenas navideñas, las novenas y las celebraciones con la familia y amigos?, ¿cómo no deleitarse pensando en la alegría de los niños, cuando abren sus regalos?

Rigoberto Puentes Rigoberto Puentes

David y Raúl son colegas de trabajo y tienen aproximadamente el mismo salario… Pero sus sentimientos con respecto a la época navideña, son totalmente opuestos.

David, sentado cómodamente en su sillón preferido, está entusiasmado por las festividades que se avecinan. “Llegó diciembre” -piensa tranquilamente-. Él sabe que es el momento del año donde aligeramos las cargas laborales, nos concentramos en la celebración de la Navidad y nos preparamos para el nuevo año… Un período durante el cual las tradiciones nos obligan a gastar bastante más que en otros meses del año, pero son gastos que se hacen con gusto. ¿Cómo no disfrutar las cenas navideñas, las novenas y las celebraciones con la familia y los amigos?, ¿cómo no deleitarse pensando en la genuina alegría de los niños, cuando ansiosamente abran sus regalos? David piensa también en la alegría de Sofía, su esposa, cuando la sorprenda con el TV HD de 50 pulgadas que tanto habían deseado, pero que creían fuera de su alcance… David se regocija consigo mismo por poder hacer feliz a su familia…

David se sentía satisfecho, más que todo por el hecho de poder hacerlo holgadamente, sin sacrificios. Él era experto administrando sus ingresos y se sentía orgulloso de ello: llevaba un estricto control del dinero a través de un presupuesto, mantenía a raya sus tarjetas de crédito, pagaba puntualmente las cuotas de la hipoteca, contaba con un fondo para emergencias y otro para vacaciones, fiestas navideñas, cumpleaños y demás eventos que tenía que atender durante el año. Y, por otra parte, su balance personal le mostraba que su riqueza crecía año tras año, sustentada en los eficientes portafolios de inversión que había seleccionado para colocar sus cesantías y sus aportes al fondo de pensión.

David concluyó sus reflexiones dándose una palmadita en la espalda. “Eso de la educación financiera sí que funciona”… “¡Qué linda es la Navidad!”.

 El mismo día y a la misma hora, Raúl, sentado en su oficina, también reflexiona: “¡@#%/#!, llegó diciembre… ¡qué desgracia! ¡Tengo que trabajar horas extras para comprarles así sea unos detallitos a los niños! ¡Y me toca gastar más! ¿De dónde voy a sacar plata? Las tarjetas están al límite y no tengo ni un peso guardado… ¡@#%/#!! ¿Qué voy a hacer?..., ¿Será que mi primo me prestará algo de plata?... No, no creo… ya la última vez que me prestó tuvimos un problema grave porque me demoré unos mesecitos más en pagarle… ¡Cuándo se ha visto! Qué descaro ponerse bravo porque le dije dos días y fueron dos meses… Bueno, eso es otra cosa… ahora ¿de dónde saco la plata?, ¿será que voy al banco?... No, ahí no pueden ni verme… y, ¿si no les regalo nada a los niños? …. ¡Noooo, eso ni hablar! Tendré que arrodillármele oootra vez a mi jefe para que me dé un adelanto, ¡qué molestia, voy a empezar el 2012 en rojo nuevamente!

“Bueeeh… ¡ya el año que viene veremos!… por ahí leí que iban a hacer algo con mi pensión y mis cesantías que seguramente será bueno… ¡Espero que así sea!, de todas formas yo no entiendo de esos temas… así que mejor ni me preocupo.

¡@#%/#!, ¡qué desgracia, esta noche seguro no duermo!

¡Detesto las navidades!”.

Probablemente algunos de los lectores estarán pensando en su lista de propósitos para el año nuevo. Quiero sugerirles que dentro de los mismos le den prioridad a educarse financieramente y, muy particularmente, a crear el hábito de administrar el dinero de acuerdo con un presupuesto. Es la única forma de hacer que la plata rinda. Así que el primer propósito en la lista deberá ser el de iniciar el año con un presupuesto que cubra todo el año y, el segundo, el de acostumbrarse a actualizarlo mensualmente.

No nos queda más que desearles una feliz Navidad y prosperidad financiera; no sólo para el nuevo año sino para el resto de sus vidas.

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