Aprenda a trabajar en sus fortalezas y cobre dinero por ello

por Ana Sarmiento

Las personas de éxito tomaron sus talentos innatos, que no son más que patrones recurrentes y decidieron aplicarlos en forma productiva. Usted puede aprender a hacer lo mismo y mejorar su ingreso.

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Durante años nos hemos enfocado en corregir nuestras debilidades para apalancar nuestro desempeño.  Si no sabemos hablar en público, tomamos un curso para mejorar. Si no sabemos vender, aprendemos las técnicas.

Está bien que queramos pulir nuestros lados flacos y ser mejores cada día. Lo que no tiene mucho sentido es basar nuestro desempeño en lo que no hacemos bien. Si no soy bueno para hablar en público, no tiene lógica que trabaje como presentador o profesor. Si no sé vender ¿para qué busco un trabajo comercial?

En lugar de ganarme el pan con lo que hago mal debo enfocarme en lo que sí se hacer y sacarle provecho.  Eso es lo que hacen los grandes profesionales como Shakira o James, que capitalizaron sus disposiciones naturales trabajándolas. Tomaron sus talentos innatos, que no son más que patrones recurrentes en la forma de pensar, sentir o comportarse y decidieron aplicarlos en forma productiva.

Aunque nuestras aptitudes no sean físicas todos las tenemos y las usamos en el día a día, Cada uno de nosotros filtra el mundo diferente y ese condicionamiento nos hace responder a los acontecimientos de una manera diferente a la que lo harían otros. Uno decide bajo qué estímulos actuar, cuáles ignorar, qué le llama la atención y qué no.  

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El hecho de ser disciplinados, optimistas, con sentido del humor o estratégicos hace que filtremos lo que tenemos en frente de una manera única y veamos lo que nadie más puede ver. Hay estudios que comprueban que ante una misma situación hay tantas posibles reacciones como personas presenciándola. Cuando hay varios testigos en un accidente de tráfico, al final hay tantas versiones como testigos hubo.  

Supongamos que tres compañeros de trabajo salen a almorzar y en el camino ven a una señora que hablando por celular se cae en una alcantarilla. Uno de ellos tiene el talento de la empatía, otro el del humor y la última de estratega.  Todos ven la misma escena pero al llegar al trabajo la comparten diferente.

La señora empática, con la voz quebrada, les cuenta a sus compañeros ”Ayy…. Imagínense que cuando volvíamos de almorzar una señora que venía hablando por celular se cayó completica en una alcantarilla… probrecita. La gente le ayudó a salir pero quedó toda embarrada y se le notaba que le dolía todo… me dio un pesar!”

El joven del sentido del humor se toma la sala y comienza: “No van a creer lo que vimos hoy.  Una señora toda emperifollada, con zapatitos de tacón venía hablando por celu y se cayó redondita en una alcantarilla.  No saben la que se armó…

La gente se tiraba, gritaba, le extendían las manos le preguntaban ¿Está bieeeeen? Y desde abajo se oía muy pacito síiii.  Finalmente la sacaron y salió neeeegra. Quien sabe que cosas asquerosas habría allá abajo.  Pero lo mejor fue que ella muy elegante, y con tal de no perder la compostura, caminaba como si no le doliera”.

Por su lado la estratega, en tono indignado, le cuenta a sus colegas: “Hoy cuando veníamos de almorzar vimos que una señora se fue a una alcantarilla.  Si en esta ciudad hubiera una línea a donde uno pudiera llamar a reportar que se roban las tapas de las alcantarillas, estas cosas no pasarían”.

Y eso que pasa con una simple anécdota, pasa en el trabajo también. El filtro hace que percibamos las cosas diferente y justo esa es nuestra ventaja competitiva. Nuestros talentos nuestros hábitos más arraigados, los trazos de personalidad más fuertes, lo que a veces no queremos ser y terminamos siendo. También son ‘los dones que mi Dios nos ha dado’  y -como dirían las abuelas- la dote con la que entramos a esta vida.  

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Nos llegaron por vía genética, se reforzaron con la educación que recibimos, las amistades, las circunstancias y llevamos tantos años actuando así, que funcionamos en piloto automático.  Si ya somos así ¿por qué no usarlo?  No sólo es la solución más pragmática sino la movida más inteligente ya que:

1. Son las redes neuronales más gruesas.  Nuestro cerebro cuenta con muchos caminos a la hora de ejecutar. Algunos parecen sendero de peatón y otros autopistas de 4 carriles.

Éstas últimas corresponden a los talentos. Al cerebro le gusta ahorrar energía y le es más fácil andar por una potente autopista que por una trocha. Por esto los talentos son nuestro modo de operación por defecto, nuestro ‘default’ por donde todo rueda.

Cuando intentamos aprender algo nuevo es como si pusiéramos a un burro a trazar carretera. Cuando tratamos de corregir nuestras debilidades le pedimos al cerebro que ande por trocha. Nuestro cuerpo está diseñado para aprender más y juntar más neuronas en lo que somos fuertes que en lo que somos débiles.

2. La ciencia también nos ofrece una razón evolutiva que nos lleva a inclinarnos a trabajar nuestras fortalezas: la selección natural. En términos de evolución, sólo se han transmitido a las crías aquellas cosas que han comprobado ayudar a la supervivencia en un ambiente determinado.

Los camaleones se mimetizan con el medio, las gacelas corren muy veloces y las águilas y aguilitas tienen potente vista. Las debilidades no se heredan porque los que las cargan mueren en el intento. No venimos programados para esto, sino para perfeccionar nuestras fortalezas.

3. La tercera razón no necesita de mucha explicación. Es una cuestión emocional… ¿Le gusta pasar el tiempo haciendo lo que le cuesta trabajo?  ¿Dónde está dispuesto a invertir más tiempo, energías y dedicación… en lo que le apasiona o en el resto de cosas? ¿Cree usted que James jugaría bien si no le gustara el fútbol?

Sólo los profesionales que estén dispuestos a engranar sus talentos con sus cargos lograrán un desempeño sostenido ya que por “Default + Selección natural + Preferencia” no pueden evitar hacerlo.

Si no se puede evitar… ¿qué tal cobrar por ello?

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*Coach de millennials y empresas 

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