Arrogancia y limpiatón estudiantil

por Luis Alberto Arango E.

Herencia de grafitos en las calles y arrogancia parece que será lo único que nos dejarán los estudiantes después de sus marchas. Si no reflexionan pronto, el espacio que han ganado se perderá tan rápido como lo han obtenido.

Luis Alberto Arango E. Profesor del CESA Luis Alberto Arango E. Profesor del CESA

“¿Están un poco como arrogantes?”, le dijeron los entrevistadores a dos de los representantes de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), al referirse a la actitud que percibían de ellos y que parecía, sería la protagonista en los futuros diálogos con el gobierno nacional.

Rápidamente y sin ni siquiera reflexionar sobre la pregunta, respondieron que no eran arrogantes sino seguros de lo que decían, pues era la fuerza de sus argumentos la que había demostrado que ellos eran los que tenían la razón. El tono de sus respuestas no daba lugar a dudas: eran arrogantes. Pero eso es lo que anima la fuerza de lo que nace del corazón y lo aplaudo, aunque con reservas.

El pasado 21 de noviembre, la alianza informativa de El Espectador, Noticias Caracol y Caracol Radio, dio un espacio a los representantes de las marchas estudiantiles para escuchar su opinión, haciéndoles muchas de las preguntas que la ciudadanía no les había podido realizar.

Sergio Fernández y Boris Duarte los representantes de la MANE, aprovecharon el espacio para presentar las razones de las marchas estudiantiles contra la reforma a la Ley 30 y sus sugerencias “gruesas” para dar soluciones a los problemas y preocupaciones planteadas.

Los estudiantes criticaron a los miembros del Congreso porque no se habían leído la propuesta de reforma a la educación y al gobierno por tener argumentos pobres para defenderla. Pero si ellos hacen un ejercicio de autocrítica encontrarán que su entrevista en medios inició con mucho entusiasmo por parte de los entrevistadores y finalizó cuestionando su actitud arrogante, revelando además posiciones que si llegan a ser reflejo del fondo conceptual de las marchas, anticipan esterilidad en las futuras discusiones entre el gobierno y los estudiantes.

Por ejemplo, Darío Arizmendi les preguntó que cuál era el país latinoamericano que debería Colombia seguir como modelo de educación. La respuesta tajante de los estudiantes fue Argentina, por tener una educación pública de alta calidad y gratuita.

Arizmendi intervino con rapidez para decirles que él acababa de llegar de ese país y los mismos argentinos decían que “la calidad de la educación argentina era fatal”.

Enfrentados a la realidad, sin argumentos e incapaces de debatir ante la carga de la evidencia, no les quedó otra opción que la de cambiar rápidamente de país y mencionaron a Brasil, seguido de un discurso histórico sobre su educación, dejando ver que no tenían como defender puntos de fondo en ese debate.

Luego, Arizmendi les preguntó que si era cierto que la mayoría de los estudiantes de la Universidad del Magdalena no querían entrar en paro y que habían recibido amenazas para obligarlos a hacerlo. Contestaron que ellos no aceptaban ese tipo de violencia pero evitaron profundizar, centrándose en un discurso desgastado y repetitivo, sobre la importancia de tomar las decisiones de manera democrática y con un amplio debate de las ideas.

Sin embargo, esa democracia e invitación al debate de ideas parece que solo aplica en sus reuniones internas. Lo que quedó en el ambiente de la entrevista es que ellos están dispuestos a discutir sus propuestas con el gobierno colombiano, siempre y cuando se concluya lo que digan los estudiantes. Y con la actitud que exponen, más allá de lo sensible, locuaz y noble de sus peticiones, no va a haber solución que les satisfaga porque con seguridad no se podrán resolver todos los problemas que plantean tal y como ellos proponen.

Presiento que esa arrogancia que aplaudí antes, será la misma que los va a cegar a la hora de tomar decisiones determinantes. Está bien que se dejen llevar por el corazón, pero ojalá que también dejaran participar a la razón.

La violencia de las marchas

Los medios, ingenuamente, aplauden el carácter pacífico de las manifestaciones estudiantiles, porque no hay ni muertos ni incendios.
 
Sin embargo, es evidente que esos medios solo han visto las fotos de la besatón o la abrazatón y no se han detenido a registrar lo que pasó varias horas antes y kilómetros atrás durante el recorrido estudiantil por las diferentes ciudades del país. Si lo hicieran, encontrarían que si ha habido papas bomba –aunque ocasionales-, destrozos en cajeros automáticos y paraderos de bus, así como agresiones a la fuerza pública.

Desde abril de 2011, mes en el que comenzaron las marchas, la violencia de las manifestaciones estudiantiles se ha reflejado no solo en los destrozos y agresiones mencionadas, sino en miles de grafitos y el lanzamiento de centenas de bolas de ping-pong, rellenas de pintura, contra las fachadas de pisos altos de las edificaciones por donde pasan.

Pocos edificios, monumentos y ventanales se salvaron. Hay grafitos que dicen desde “no a la Ley 30” hasta “gringos go home”. Sus ataques son más agresivos y extensos, contra fachadas que tienen logo símbolos extranjeros o de compañías de éxito en Colombia, sin importar si generan miles de empleos y que seguramente serán esas mismas compañías las que les ofrecerán trabajo cuando terminen sus carreras universitarias.

Los corredores viales por donde marcharon, quedaron con la visible huella de su paso. Es doloroso reconocer que mucho tiempo y dinero tomará borrar esa traza de violencia estudiantil. Violencia que nada aporta a la discusión y en cambio destruye el hábitat que con esfuerzo, dinero y tiempo tratamos de construir el resto de los colombianos en cada una de nuestras ciudades.

Me pregunto si con el mismo ímpetu con el que los estudiantes expresan sus inconformidades en las fachadas de las construcciones, reconocerán el perjuicio que le han hecho a las ciudades y marcharán está vez en una limpiatón para arreglar los daños que causaron. O serán grafitos, pintura en las paredes y otras manifestaciones de vandalismo la gran herencia que recibiremos de los actuales estudiantes, futuros profesionales.

Alguien decía, que lo bueno de las marchas estudiantiles era que eran lideradas por estudiantes.  Y lo malo era que eran lideradas por estudiantes. En poco tiempo sabremos qué extremo triunfará.

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