Aprendiendo de la experiencia

por Rigoberto Puentes

Alguna vez le ha ocurrido que al revisar sus inversiones se encuentra con la gran sorpresa de que su inversión, lejos de crecer, ¡se ha reducido significativamente!. Este es caso típico que le ha ocurrido a mucha gente.

Foto: Archivo Particular. El vendedor inadvertidamente olvida mencionarle algunos pequeños detalles inherentes a la inversión, como por ejemplo el hecho de que el rendimiento esperado no es fijo sino variable. Foto: Archivo Particular. El vendedor inadvertidamente olvida mencionarle algunos pequeños detalles inherentes a la inversión, como por ejemplo el hecho de que el rendimiento esperado no es fijo sino variable.

Es un caso típico que, bajo diferentes modalidades, le ha ocurrido a mucha gente, incluido el autor. Este relato no se refiere a ninguna persona en particular, sino que es un compendio generalizado, resumido de las muchas historias similares que he escuchado.

Se trata del señor Juan Ejecutivo, un hombre rondando los 40, exitoso, responsable, y con un buen nivel de ingresos. Excelente candidato para un vendedor de planes de inversiones financieras. Un buen día, un agente de una compañía de seguros lo visita en la empresa donde trabaja, lo halaga un poco por su importante cargo y su bonita oficina, y luego le presenta un atractivo plan de retiro en dólares. El agente hace una excelente descripción de las ventajas y beneficios de la oferta. Según le cuenta, es un fondo que invierte solamente en instrumentos financieros muy seguros y altamente rentables.

Le enseña gráficos muy bonitos que muestran cómo el rendimiento del último año fue del 15%, y le deja saber que los expertos financieros de su compañía han anticipado que el mismo seguirá creciendo al mismo ritmo durante los años siguientes… Para acabar de convencerlo le informa que esta inversión va acompañada de un seguro de vida para la protección de su familia. El señor Juan Ejecutivo, un hombre que se siente orgulloso de cuidar de los suyos, se interesa, responde las preguntas del vendedor y le manifiesta que desearía lograr una renta de unos $1.600 mensuales, para dentro de 10 años.

El vendedor despliega su “laptop” y le calcula un plan que se ve más o menos como el que aparece en la siguiente tabla. El señor Ejecutivo mira el cuadro, hace unos rápidos cálculos mentales y piensa para sus adentros:

“La verdad es que este plan no luce nada mal. Con una inversión de US$10.000 durante los próximos 10 años, me garantizo un ingreso de US$1.600 mensuales de renta vitalicia. Además incluye la protección del seguro de vida para la familia de $100.000… no está nada mal”...

EJEMPLO DE UNA OFERTA DUDOSA PLAN DE RETIRO VIP - CON SEGURO DE VIDA

Inversión:

 Prima anual $10.000

 Tiempo (años) 10

Beneficios para el retiro (a los 10 años):

Puede elegir una de las alternativas:

A. Un solo pago $190.000

B. Renta vitalicia mensual $1.600

Beneficio adicional:

Seguro de vida e invalidez $100.000

El vendedor inadvertidamente olvida mencionarle algunos pequeños detalles inherentes a la inversión, como por ejemplo el hecho de que el rendimiento esperado no es fijo sino variable, y que la posibilidad de lograr el objetivo va a depender del comportamiento del mercado, y que dicho rendimiento es excesivamente optimista.

También olvida mencionar, inadvertidamente, los cargos iniciales o periódicos que reducen drásticamente el capital invertido, sobre todo en los primeros años. Y olvida además mencionar que la póliza tiene una cláusula de retiro temprano, según la cual, si el inversionista suspende los aportes es fuertemente penalizado; tan fuertemente que puede perder hasta el 100% de su inversión.

O, probablemente, el vendedor sí mencionó esos detalles, pero el señor Ejecutivo, al no estar familiarizado con conceptos financieros, no los entendió o simplemente no les prestó atención. De todas formas la entidad vendedora salva su responsabilidad puesto que todo esto estará escrito en alguna parte del contrato.

El señor Ejecutivo firma el documento, hace el primer cheque y se olvida del asunto hasta doce meses después, cuando religiosamente le llega el recordatorio para que envíe el siguiente cheque.

El señor Ejecutivo es una persona muy ocupada, no tiene tiempo de hacerle seguimiento a su inversión. Envía sus aportes puntualmente y confía en que ésta estará rindiendo de acuerdo con lo esperado… hasta que, eventualmente, algo ocurre que le obliga a ocuparse de sus olvidados fondos. Pierde su trabajo y se ve imposibilitado de continuar pagando las cuotas anuales. Por el contrario, convencido de que su dinero ha crecido, cuenta con éste para sostener a su familia mientras consigue un nuevo empleo.

Llama al agente vendedor para solicitar el retiro de su plata y entonces se encuentra con la gran sorpresa de que su inversión, lejos de crecer, ¡se ha reducido significativamente! Vienen las explicaciones, que si el mercado de capitales no ha crecido, que si los instrumentos financieros en los que estaba su inversión han estado en crisis, que los costos de manejo, que las comisiones, que otros cargos, etc. etc…

El señor Ejecutivo, indignado, reclama; pero sus palabras se estrellan contra el contrato que ha firmado. Él se ha comprometido en un plan de largo plazo y éstos así funcionan… Molesto por esta situación, decide cerrar su cuenta y retirar sus menguados ahorros. Pero otra sorpresa lo espera…

No puede retirar su dinero, pues si lo hace le aplicarán la cláusula que penaliza el retiro temprano, con lo cual sus disminuidos fondos quedan reducidos a su mínima expresión. ¿Qué hace, por último, el señor Ejecutivo? lo mismo que hacen otros miles de Juanes Ejecutivos a quienes les ha ocurrido algo similar: se muerden los codos de la rabia ante laimpotencia, retiran lo que quedó de sus ahorros y deciden guardar este episodio de su vida como algo vergonzoso, no digno de su posición.

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