En el mundo de los millonarios chinos

Los líderes del milagro económico de China crecieron en la pobreza y ahora son nuevos ricos. Aunque su actitud es distinta a la de los ostentosos oligarcas rusos, algunos son más discretos que otros.

En el mundo de los millonarios chinos En el mundo de los millonarios chinos

Hace cien años, personajes de la talla de Rockefeller, Ford, o Carnegie, eran los que estaban construyendo el futuro.

Con China alcanzando a Estados Unidos en su puesto de mayor economía del mundo, el próximo siglo pertenecerá a nombres como Zong ... Dai ... Liu. Mejor que nos acostumbremos.

Cuanto más leía sobre las abultadas cuentas de la economía china, su impacto en el comercio mundial y el derroche de los nuevos ricos de las clases medias, más quería saber sobre los hombres y mujeres que están liderando esta transformación.
No buscaba a los jefes del gobierno y del Partido Comunista, a pesar de son ellos los que mueven las palancas de esa sociedad controlada por el Estado.

Buscaba a la gente detrás del vertiginoso crecimiento económico del país: los más altos empresarios.

Ellos son los que están construyendo empresas líderes en el mundo, impulsando el éxito de la exportación China y creando nuevos puestos de trabajo por millones.

Hace treinta años el Partido denunció a los empresarios como "comerciantes autónomos y vendedores ambulantes que hacen trampa, malversan, sobornan y evaden impuestos".

Pero esta línea cambió. Deng Xiaoping, la fuerza impulsora del movimiento hacia el capitalismo después de la muerte de Mao, pronunció la célebre frase ''hacerse rico es glorioso''.

¿Capitalismo benigno?

El propio Karl Marx tenía una debilidad por los empresarios. En "El Capital" afirmó que los trabajadores eran explotados por los capitalistas que se beneficiaron del valor añadido de su trabajo.

Sin embargo, sostuvo que los empresarios, aún siendo capitalistas, eran valiosos pues contribuían con ideas frescas y de la capacidad de aprovechar las oportunidades.

Los empresarios, por lo menos los buenos, eran capitalistas benignos, dijo Marx.

Esto explica su rehabilitación en la China posterior a Mao. Pero todavía se espera que desempeñen su papel en un sistema centralizado.

Pero más allá de los anuncios corporativos y de las cuidadosamente preparadas apariciones públicas, ¿cómo vive la China súperrica?, ¿qué piensan los más acaudalados? ¿por qué llegaron ellos a la cima, en lugar de sus 1.300 millones de compatriotas y mujeres?

¿Cómo se sienten en comparación a la gran mayoría de la población de China? ¿Cómo se afrontan su riqueza? ¿Cuáles son sus planes de futuro?

Los multimillonarios con los que hablé provenían de una situación de total pobreza. No la pobreza relativa comparada, por ejemplo, con una típica familia occidental.

Ellos han conocido ese tipo de pobreza en la que no había suficiente ni para comer y cada día debían molerse a trabajar.

Tradicionalista o aristócrata

Ahora que han hecho sus fortunas, se dividen en dos tipos, según sea su actitud hacia el dinero y el lujo.

El primer tipo se podría llamar "tradicionalistas de Partido". Se pueden ejemplificar con Zong Qinghou, el jefe de bebidas y ropa de la firma Wahaha, quien, cuando lo conocí, era el hombre más rico de China.

Cuando nos sentamos uno frente al otro en el escritorio de su modesta oficina, me dijo que el dinero que había hecho era para la sociedad, no para sí mismo. Y recalcó que se abstiene de lujos.

El segundo grupo está ejemplificado por personas como Dai Zhikang, un promotor inmobiliario en sus 40. Los denominé "la nueva aristocracia china".

Ellos se sienten más a gusto con su nueva riqueza.

A diferencia de los oligarcas rusos, ellos tienden a evitar las vulgares exhibiciones de opulencia, y de alguna manera se usan su riqueza a la manera de los ricos tradicionales, prefieriendo comprar arte, viajar, comprar propiedades y enviar a sus hijos a escuelas privadas y universidades en el Reino Unido o Estados Unidos.

La próxima generación

Ambos tipos hablaron abiertamente acerca del papel que sus hijos jugaran cuando hereden su fortuna.

Incluso los tradicionalistas se reservan el derecho legarle su riqueza a la siguiente generación, aunque sólo si pueden confiar en que los herederos la incrementarán en vez de desperdiciarla.

Todos eran conscientes de que se habían aprovechado de una oportunidad que no volvería a presentársele al pueblo chino. Era fácil comenzar un negocio en la transición del comunismo al capitalismo, en "la apertura"; mucho más fácil que ahora.
La otra diferencia entre los tradicionalistas de Partido y la nueva aristocracia es su actitud hacia las marcas de lujo.
Una de las nuevas generaciones me mostró con orgullo su nuevo reloj Patek Phillipe de US$50.000.

Había comprado varios, me dijo, porque no perdían su valor. En contraste, uno de los destacados millonarios entre tradicionalistas, un empresario industrial, llevaba un reloj de humilde ciudadano con el mismo orgullo.

Los tradicionalistas llevaban trajes hechos en China. Los aristócratas lucían ropa casual de alta costura.

Cada uno de los empresarios que conocí estaba en los primeros lugares de esas listas de las personas más ricas que le fascinan a la prensa. Acercarse a ellos permite vislumbrar la nueva China a través de sus ojos y entender las fuerzas que darán forma a nuestras vidas en las próximas décadas.

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